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Blog Conexion Colombia


jun 16
2009

“¡Llegué a la cima!”

Posted by: Andrés Cruz


 

"A las 12:15 del día, hora rusa, llegamos a la cima. Fueron ocho horas de ascenso. Empezamos a caminar a las 4:15 de la mañana. Aunque el pronóstico del tiempo no era favorable. Cuando nos levantaron nos dijeron, ‘todavía está nevando pero el tiempo no está tan duro. Eso si, puede que haya algún tipo de avalancha'. Nadie tenía ningún tipo de esperanza. Pero teníamos que intentarlo.

La subida entre 4.050 metros y los 4.500 la hicimos en teleférico. Y después de eso comenzó lo difícil. La subida desde 4.500 a 5.200 fue muy fuerte. Pasamos por tres precipicios cubiertos por hielo, de esos que si se pisan se rompen y uno podría caer entre 80 y 100 metros. Además había tormenta de nieve. No se veía nada. Además de todas las capas de ropa y accesorios de lso que he hablado, tenía una linterna en la cabeza para ver dónde pisaba.

Después de la ‘silla de montar' (a 5.200 metros) nos encontramos con pendientes de 25 y 45 grados, que además, tenían como superficie una pared de hielo. Y, a medida de uno sube, los vientos son más fuertes. Llegamos a estar a -40 grados centígrados, con vientos de 40 kilómetros por hora. Y entonces, aunque tenía crampones (los picos de metal que se adaptan a las botas para enterrarlos en la nive al caminar) daba dos pasos y me devolvía uno. Era como caminar por un pantano, pero inclinado, pues tenía nieve hasta la rodillas.

Esto, sin contar con el esfuerzo físico que demandan el hacha y el palo para caminar. Tenía el hacha en una mano y el palo en otra. Entonces tenía que agacharme para enterrar el hacha (que mide 50 centímetros) y caminar con el palo, que mide 1.20 metros.

En los últimos 300 metros pensé que no la iba a lograr. Me estaban ardiendo las piernas por el cansancio. Además la altura me estaba afectando y me comenzó a doler la cabeza. Afortunadamente los genes cundiboyacenses salieron a relucir y el dolor me duró poco.

A algunos de mis compañeros sí los afectó la altura. Tres de ellos estaban muy mal por el ‘soroche'. Una de las noruegas, por ejemplo, se caía por el mareo producto de la altura, y también vomitó. Y el cuarto miembro del equipo se devolvió porque no llevó las botas indicadas y los pies se le estaban congelando. Esto era peligrosísimo, porque llegaría el momento en que dejaría de pisar bien e incluso, podría perder los pies. Los cuatro se devolvieron. Y cinco seguimos.

Además cuando llegamos a la ‘silla de montar', que era el punto que fijamos para decidir si seguíamos o no, los guías se quedaron debatiendo como diez minutos si era conveniente seguir. Lo hacían en ruso, peor yo sabía que hablaban de eso. Y vieron que era posible.

La verdad es que yo dudé sobre la capacidad de lograr llegar a la meta. Estaba muy cansado, las piernas me ardían, por la altura, la tormenta de nieve. No se veía nada, solo la nieve caer de izquierda a derecha. Pero vi que podía seguir y así lo hice. Lo único que yo iba pensando era ‘yo estoy bien. Estoy haciendo esto por mi, por mi hijo, por mi esposa, y por las 157 madres'.

Pero entonces llegamos a la cima y fue una emoción gigante. Me tiré sobre las rodillas y lloré. Y después me tomé una foto con mi bandera de Colombia gigante. Yo nunca había logrado un reto físico así de grande.

Pero todavía no había terminado lo peor. La bajada desde la cima hasta la ‘silla de montar' me acabó físicamente. Bajar esa pared de hielo fue mucho más difícil que subirla. Toca bajar con el hacha de hielo en la mano. En esta parte es al revés, y hay que meterse dentro de la montaña y echar el cuerpo hacia abajo para que el hacha pueda sostenerlo a uno.

El error que cometí es que no me puse bien mi morral. No me amarré la parte de la cintura, y entonces llevaba todo el peso sobre los hombros. Tenía tortícolis y dolor en los trapecios. Tenía totalmente quieto el cuello. Los trapecios también se me iban a estallar. Cada paso que daba me dolía siete veces más. En algún momento sentí que no iba a poder más. Me boté al piso y no sabía como iba a seguir bajando.

Nunca me había sentido tan cansado. Cada paso que daba me hundía entre la nieve. Y la nieve me daba hasta las rodillas.

Y seguimos a pie hasta los 3.000 metros. Mucho mas de lo esperado porque no pudimos bajar en teleférico porque la luz se había ido. En esa bajada pisé mal y sentí un punzón en la rodilla. Hoy la tengo inflamada.

Lo primero que hicimos cuando llegamos al hotel fue bañarnos. Fue la primera ducha en siete días. Cuando uno esta en la montaña, se olvida de las duchas y del agua. El clima no la hace muy apetecible.

Después fuimos al restaurante de los pinchos de cordero y de pollo. Son exquisitos. Celebramos y ahora vamos a sentarnos a comer y a celebrar que más de la mitad del grupo llegó a la cima.

Sobre esto, tengo sentimientos encontrados. En algún momento sentí que la felicidad no era completa porque todos no habíamos llegado. Pero la verdad es que han tenido una actitud súper linda. Cuando llegamos a nuestro campamento base, ellos nos estaban aplaudiendo.

Para mi han sido un ejemplo de la unidad de grupo que armamos en menos de diez días. Es que uno de los que se sentía mal pudo haber tratado de seguir subiendo y hubiera podido dañarnos la subida a los demás. Como lo dije en un post anterior, solo había una oportunidad de devolverse, pero si después de esta oportunidad a alguno le hubiera dado algo y no podía seguir subiendo, todos hubiéramos tenido que regresar. No hay posibilidad de subir a la cima con solo un guía. Por eso estoy súper agradecido con las personas que decidieron no seguir. Por esto ellos también fueron responsables de nuestro triunfo.

¡Llegué a la cimaaaaaaa! La verdad es que lo hice por un reto personal, porque yo quería que mi hijo supiera que su papá había subido al pico más alto de Europa. Pero también por estas 157 mamás, que en algún momento de su vida también sintieron que no podrían seguir y, en contra de su racionalidad, buscaron alternativas para salir adelante.

Y ahora cuando recapitulo todo lo que pasó me doy cuenta de muchas cosas. Los guías con los que estábamos eran unos duros. ‘Sacha', el líder de los guías, me dijo que este había sido uno de los ascensos más difíciles que él había hecho. Pero desde el principio quiso lograrlo, me dijo, porque era la primera vez que subía con un colombiano y quería ver a un colombiano llegando a la cima".

Comentarios (2)

Felicitaciones
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Andres, felicitaciones por ese logro y por la buena causa. Que se repita !!!!! Chicho
Diego Riveros , junio 17, 2009
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smilies/smiley.gifte felicito andressmilies/smiley.gif
ANGELICA AGUADO , junio 19, 2009

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