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ago 13
2009
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Mi diploma de comunicación y periodismo no es reconocido en Francia. Así me lo explicó una funcionaria francesa durante el ‘bilan de competences', una especie de asesoría que ofrece el gobierno para ayudarle a los inmigrantes legales a vincularse al mercado de trabajo. Luego de mirar mi hoja de vida, la mujer me dijo que tenía mucha experiencia y que no debía echarla en saco roto sino que debía meterle muchas ganas para abrirme un camino en la escena laboral francesa. Hasta ahí todo pintaba bien...luego llegaron los peros.
El primero vino de la mano de mi profesión. Me dijo que sí quería podía mandar hojas de vida a las ofertas que aparecieran en el periódico y que en una de esas encontraba a un empleador que no le importara que fuera colombiana y me contrataba. El mundo laboral es igual en todas partes y toca hacer parte de una rosca. Tener un círculo de contactos que en el caso de un inmigrante se construyen desde cero pues uno no conoce a nadie cuando llega. Para irlo haciendo me han aconsejado que empiece como practicante o trabajando gratis en algún medio comunitario, ONG o como voluntaria en una asociación de solidaridad para ir haciendo contactos.
El problema es que el periodismo está centralizado en París y como yo vivo en provincia pues el mercado es bien reducido y la oferta casi inexistente. Luego vino lo del bendito diploma que como no es francés me puede complicar las cosas. Francia sólo reconoce los títulos de la Unión Europea, USA y Canadá. La funcionaria me dio los datos de un organismo en París en donde me cobran alrededor de 100 euros por hacerme una atestación en la que dicen a qué equivalen mis años de estudio. Como nuestros sistemas educativos son diferentes los cinco años que hice de comunicación en Bogotá vienen a ser tres de los del programa de aquí así que tendría que entrar a la universidad y hacer los dos años que me hacen falta para la equivalencia. En teoría eso es posible... pero ahora la que pone los peros soy yo. ¿Volver a estudiar periodismo después de doce años de trabajo profesional?
En la lista de peros de la funcionaria de la oficina de empleo aparecía, obviamente, la barrera del idioma. En ocho meses he mejorado el nivel de francés y la señora incluso me felicitó por mi capacidad de escucha y comprensión pero de ahí a redactar un artículo en la lengua de Voltaire hay un largo trecho por recorrer. Ya no se trata de tener un vocabulario más amplio, hay que conocer la gramática a fondo y aprenderse una bendita conjugación en pasado, el passe simple que viene a ser como el pretérito indefinido, que en la Alianza Francesa jamás lo enseñan porque: "para qué si eso jamás lo usas. Es sólo para la literatura y para escribir crónicas"...curioso...lo que yo sé hacer.
Ser periodista en Francia es lo mismo que en cualquier lugar del mundo: la mitad de la población nos mira con recelo por culpa de aquellos periodistas que son amarillistas, escandalosos y que hacen un mal manejo de la información. Sólo basta leer los comentarios de los usuarios en la página en Internet del periódico Le Monde, para saber que la mala fama de los periodistas no conoce fronteras.
El periodismo (como oficio y modo de sustento) entró en crisis con el desarrollo de las nuevas tecnologías. Gracias a la inmediatez y a las inmensas ventajas de internet, el email, los celulares, las cámaras digitales, Facebook y hasta Twitter, la información fluye de un lado a otro sin necesidad de intermediarios y los medios no andan interesados en contratar periodistas, reporteros, fotógrafos y mucho menos corresponsales.
En Francia, como en otros países, se vive el reinado del ‘pigiste', o lo que en nuestra jerga profesional llamamos el ‘freelance', o sea, una persona que escribe artículos por encargo y pasa una cuenta de cobro. No hay un contrato laboral de por medio y se tiene una existencia un tanto vertiginosa pues durante el mes en que hubo cosecha de artículos se garantizó una entrada de plata pero si al siguiente mes no salió ningún texto la cuenta de ahorros se quedó en ceros. En los foros de periodistas que he consultado, los pigistes franceses (que están la mayoría en París, donde se mueve el negocio) se quejan de la precariedad de su situación ya que muchos no alcanzan al smic, que es el salario mínimo francés, y deben completar sus ingresos con los subsidios del Estado. El smic equivale 1.337 euros al mes pero recuerden que aquí no sólo se gana en euros sino que se gasta en euros y un arriendo puede costar entre 700 y 900 euros y un menú del día ronda los 12 euros...eso en provincia porque París es mucho más caro.
Después del ‘bilan de competences', salí de la reunión con la funcionaria francesa como si fuera una estudiante recién salida del colegio preguntándome qué quiero hacer cuando sea grande. Sólo que no tengo 18 años sino 34. En el fondo ya sé la respuesta.
Como la mayoría de los inmigrantes, comenzaré la búsqueda de un ‘petit boulot' o un trabajo no calificado mientras mejoro el idioma. Pasaré hojas de vida con mi diploma colombiano por si las moscas y pensaré qué formación académica puedo realizar aquí que no sólo me de conocimiento sino que me ayude a abrir puertas en lugar de cerrármelas. ¿Debería haber estudiado administración o ingeniería?
Comentarios (2)
Bienvenida a Francia
Alex



