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dic 03
2009
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A todo este asunto de la nueva vida más allá de la burbuja colombiana se suma el hecho de vivir en otra moneda y resulta que Sydney es una ciudad súmamente costosa, así que me puse a buscar trabajo casi desde que llegué. El solo hacer la hoja de vida ya es todo un cuento y ni qué decirlo presentar una entrevista, pero finalmente conseguí un trabajo y aquí está el cuento…chino.
Acabábamos de salir con mi novia de la feria de Lane Cove. Domingo 4pm,
28°c. Llegamos al barrio contiguo a la zona antigua y turística de Sídney (The Rocks).
Encontramos fácilmente el supermercado en una avenida medio escondida pero con una vista preciosa de un pequeño embarcadero para veleros privados detrás de las viejas bodegas del muelle convertidos en exclusivos lofts y contiguo a dos importantes teatros en el sector (Sydney Dance Company y Sydney Theatre Company), con el magnífico puente de la bahía de fondo. Caminandito no más encontramos en la dirección (Dios salve Google maps) un supermercado, un restaurante chino y una licorera (se nota que son la misma cosa), entramos y me acerco a quién se nota que es la manager y dueña del supermercado.
Una mujer en sus cuarentas, gorda, pelo corto negro y la cara regordeta (como el resto de ella), una naricita casi inexistente; una sonrisa y un “qué deseas querido” para los clientes y una orden para sus empleados. Apunta en una dirección incierta mientras da una orden en mandarín a un muchacho que se hace una reverencia y se apura en obedecer.
Saludo, ella gira y me mira y me pregunta sonriente que busco, le sonrío y le digo:
-Vengo por el aviso de asistente en el supermercado.
Ella abre lo más posible sus ojos en expresión de sorpresa y pregunta (ya sin sonrisa):
-¿Habla mandarín?”
-No
-¿cómo vio el anuncio? publicamos en periódico chino.
-Lo sé, para que vea que me interesa.
Me pregunta acerca de mi experiencia y otras bobadas mientras decide si me manda a freír espárragos o algo así, le sigo contestando y aún sin estar nada convencida me pregunta si estoy disponible para una prueba ya mismo y digo que si. Me pone a arrumar cajas de botellas de agua y gaseosa de un lado a otro; acomodar paquetes de papas y frascos de conservas y lácteos. Habla y habla y habla y habla… la verdad es que poco le entiendo de lo que dice pero si de lo que quiere. Luego de una hora y media me pregunta acerca de la disponibilidad de horario y quedamos en que trabajaré de 4 a 9 pm.
¡Tengo trabajo!
Es un mini-supermercado. Es grande por dentro, la mayoría de la gente que entra por
primera vez se impresiona. La entrada es un corredor amplio en el que se ve el “deli”, en dónde se sirven cafés, y pasteles, tortas y comidas ligeras. Tiene cuatro corredores largos y toda clase de productos; aunque es de chinos, no venden productos “chinos”, me explico: no es un supermercado para chinos sino para australianos y extranjeros, tiene productos un poco elitistas (caviar, champaña, salmón, mucho producto orgánico y/o light), y lo cotidiano también.
Mi tarea es llenar los estantes con nuevos productos que llegan casi a diario y con las existencias en bodega; mejorar la apariencia de lo que hay para que se vea mejor; trapear pisos (sin barrer); revisar fechas de vencimiento de productos, atender el delicatesen, acomodar y sacar la basura, arreglar todo antes de cerrar y dejar todo bien cerrado.
El trabajo es pesado, especialmente fines de semana y lunes y martes. Aburrido en ocasiones pero ha sido interesante y hasta divertido el estar de chinomático. Con frecuencia alguien me pregunta algo y mientras trato de entender por completo lo que me dice, le pregunto de nuevo haciéndome el que estaba concentrado en lo que hacía y así le puedo entender mejor la segunda vez. Sin embargo también hay que decir que aún no logro entender siempre el acento y velocidad de los australianos, pero obvio que eso ha mejorado toneladas mi oído y por supuesto mi capacidad de reacción y respuesta al idioma.
También es parte del asunto el tener que encontrarme a cada momento con nombres y denominaciones diferentes a las que conocía o imaginaba para los productos. Como el día que una señora se me acerca y me dice dos palabras, le pido que me diga de nuevo, vuelve a decirlas, comienzo a caminar entre los corredores y miro entre los productos mientras rápidamente recorro las páginas de mi diccionario mental tratando de encontrar lo que se supone que busco y que realmente no sé que es, la llevo a la sección de frutas y verduras y ella nuevamente dice la palabras hasta que logro entenderle que quiere latas de duraznos en almíbar. Mi confusión se basó en que no esperaba la palabra convencional que usó para decir “lata”.
Otro día la jefe me preguntó si sabía usar la máquina de expreso y le contesté que si, pero que hace mucho tiempo y una de modelo diferente, así que me explicara lo básico y así yo recordaba el resto. Por supuesto que me tocó mentir y ya resolvería luego ese problema (¿por qué no tomé la electiva en “barista and coffee art” en la universidad?) y tuve que buscar videos en youtube y demás para aprender a hacer capuccinos, latte, y las demás variedades de café y no terminar haciendo un chapucero café con leche en la “costosa máquina de capuccino”. Veo con mucha dedicación los videos y cada vez que me piden un café pongo mucho cuidado a mi propio proceso tratando de irlo mejorando y modificando cada vez.
Eso me recuerda a Chi-Wing. El cocinero del restaurante contiguo. 160cm, contextura media y fuerte, mediana edad y con muy poco inglés. Me apuntó su nombre en un papel y me dijo: “tu llamarme así”; al mejor estilo Robinson Crusoe o Tarzán nos hacemos entender para darnos nuestros nombres y hablarnos y hacernos señas para lo demás. Tiene un trabajo muy pesado y solitario; así que decidí tomarlo como sujeto de experimentación para justificar el que me robe un café al día los días que puedo: miro que los jefes no anden cerca, lo llamo en voz baja y le digo: “chi-wing! café?”, el mueve la cabeza y me pasa su taza, le pregunto qué cómo lo quiere y tengo que enumerarle cosas para ver si me entiende: café, negro, leche, espuma… y así. Se lo preparo lo mejor posible y sigo en lo mío. En realidad no sé si le gustan pero espero que si; me sirve de práctica y eso me ayuda a encontrar otras formas de acercarme a alguien con quién no puedo tener mucha interacción y dónde el idioma es realmente un obstáculo.
Trabajo con dos chicas bien opuestas, una es muy entusiasta (Ye-Yee) y la otra parca y con cara de que siempre le pasa algo (Kelly), entraron un par de chicos estos días, uno entusiasta sumiso y asustadizo (Gef) y el otro un poco más aplomado (Scott), no trabajo con los del restaurante pero los veo de ladito cuando entro al delicatesen y son Roxie, una niña bonita, flaquita con pequeñas gafas y sonrisa y un nivel bajo-medio y el antes mencionado cocinero. Por último está la familia real: Liliam la jefe, mandona por mandar y que cree que si la gente no está corriendo apurada, no está trabajando; el esposo no tengo idea de como se llama y nunca me ha dirigido la palabra pero al menos mueve la cabeza cuando lo saludo; Charlie el heredero del reino, 175cm alrededor de 85 kilos en su cara y cuerpo redondeado de adolescente, con la misma actitud de adolescente de casi todos lados: de que todo le importa un pito y más cuando su madre lo obliga a atender el supermercado a ratos y (ojo a esto) ¡la licorera!; y el abuelo, que no habla más que palabras sueltas en inglés, una a la vez, nunca dos y siempre merodea y asiente como aprobando el trabajo ve haciendo.
Ya todos los del supermercado, exceptuando al abuelo e incluyendo al cocinero, me han preguntado cómo conseguí el trabajo, por lo del anuncio en chino y que además la paga siempre es mucho más mala y que prefieren trabajar solo entre chinos. Porque según el cliché, parece que es cierto que los empleados chinos son mucho más sumisos y asustadizos que otros. La verdad es que me ayudó un joven chino traduciendo anuncios, me dijo que ese no le servía así que tomé el dato, me advirtió que muy seguramente no me iban a poner cuidado por no ser chino y que la paga iba a ser así de mal. Igual lo intenté. Para mi mismo es bien difícil escucharlos hablar, con ese acento tan cucuteño, que pareciera que siempre están discutiendo y que a día de hoy no he aprendido ni una sola palabra. Muchas veces la jefe me habla en chino y sigue hablando para si misma en chino, cuando me da respiro me toca decirle que no le entiendo y tiene que volver a empezar de nuevo (lo cual no le reporta el menor inconveniente, si de dar ordenes se trata).
Tengo que añadir que se han portado “decentes” conmigo, en algunas ocasiones me han regalado panes o incluso sándwiches o cajas de sushi que están sobre la fecha de vencimiento. Incluso le pregunté si podía comprar ahí mismo cosas que necesitara (más por ver qué pasaba que por real interés) y ella me dijo: “Oh si!, buen precio, gran descuento”. Lo intenté y no estuvo tan mal, pero la verdad es que es costoso.
Este asunto del supermercado da para mucho más y es por eso muy en parte que estuve perdido del blog, pero ya me voy poniendo al día.
Comentarios (4)
QUIERO UN CAFÉ!!!
Disfruté mucho leyendo tu blog... en verdad hace ratos estabas perdido del panorama pero tu sabes que a los amigos se les disculpan esas ausencias sobre todo cuando reaparecen asi sea un ratico en facebook..para un saludito y contar las ultimas novedades. Me alegra que estés cumpliendo tus sueños..Yo sé lo "berraquito" que eres para todas las cosas que te propones...Me alegra saber que estás bien.. trabajando..estudiando..aprendiendo y enamoraaaaaadooo!! un saludito desde Cartagena de Indias...cuidate mucho...un abrazo TU AMIGA COSTEÑITA...MONYK
Para que veas que no digo mentiras
¡Felicitaciones! Un abrazote
cuento chino y mas
Créeme que fue increíble leer el cuento chino, y las demás cosas de ese cuento, eso demuestra que querer es poder, el trabajo honrado se encuentra en todos los países del mundo, no importa en qué idioma y si lo entendemos o no.
He escuchado a personas decir que no encuentran trabajo por el idioma o porque no pagan bien o por qué no se una cosa o la otra, hay miles de maneras de ganarse en pan honradamente solo se debe tener disposición y deseos de salir adelante.
Te felicito y deseo lo mejor para ti, sería bueno que pensaras en abrir tu propia tienda y así ponerle competencia a los chinos. Adelante querer es poder.
Saray



