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Hasta la muerte tiene estrato |
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Antes, en las civilizaciones antiguas, los muertos se enterraban fuera de los cascos urbanos. Incluso, durante el Imperio Romano, se construyó el cementerio por la Vía Apia que conducía a Roma. “Fue el cristianismo quien impuso la moda de vivir cerca de los muertos porque, como Jesús murió y resucitó, las personas comenzaron a preocuparse por la forma de enterrar a sus muertos para asegurarse de que, efectivamente, llegaran al cielo”, afirma Alberto Escobar, historiador y arquitecto que ha estudiado los cementerios.
Sin embargo, como no era grato que los pobres y los ricos fueran al mismo lugar ‘por toda la eternidad’, en el 317 d.C Constantino impuso la tradición de enterrar a los muertos en las iglesias, pues se pensaba que si los difuntos se enterraban cerca de las reliquias, o fragmentos de los cuerpos de los santos, las almas iban a llegar más rápido al cielo. Pero como los pobres no podían pagar un osario en los templos, tenían que conformarse con los cementerios comunes a las afueras de las ciudades.
En Colombia también se importó la tradición de enterrar a los muertos en las iglesias. Sin embargo, ese lujo sólo se lo podían permitir las personas acaudaladas. En Bogotá, los pobres corrían con otra suerte. “En el siglo XVIII los mendigos, viudas y personas sin dolientes eran sepultados en un terreno baldío cerca de las instalaciones del Hospital San Juan de Dios. Con el tiempo, el lugar se llamó la Pepita o cementerio de de los paupérrimos”, explica Escobar.
Pero, como Bogotá fue creciendo y la cantidad de cadáveres iba en aumento, se generaron problemas de salud pública. Las iglesias se volvieron focos de infección y en la Pepita ya no había espacio para tantos muertos. Por eso, mediante una Orden Real proveniente de España, en 1783, se ordenó la construcción de cementerios a las afueras de las ciudades.
Un diseño exclusivamente colombiano
En 1830, por orden de Santander, Pío Domínguez construyó el Cementerio Central siguiendo el diseño original que, en 1791, el ingeniero español Domingo Esquiaqui había hecho. “Como Bogotá está construida en forma de cuadrícula, el cementerio se construyó ovalado para distinguir la ciudad ‘terrena’ de la ciudad ‘divina’”, afirma Escobar. Por eso, “si uno mira los cementerios de todo el mundo se da cuenta que sólo en Colombia son ovalados”, concluye.
Sin embargo, las personas eran reacias a enterrar sus muertos lejos de la iglesia por temor a que no llegaran al cielo. Por eso los acaudalados, previo acuerdo con el sacerdote, pagaban una suma de dinero para que, el día de su muerte, se enterrara en el cementerio un ataúd lleno de piedras que la familia lloraba en público y, en la noche, el verdadero cadáver iba a parar a los osarios de la iglesia. Por eso, para dar ejemplo, Santander fue enterrado en el cementerio y, con él, las personalidades del país. Sin embargo, las tumbas se organizaron de tal forma que, los ricos e ilustres se enterraran cerca al óvalo que significa la ascensión de las almas al cielo, mientras que los más pobres eran sepultados lejos del anillo. Esta organización social en el cementerio prevalece.
A los pobres los pavimentaron
Como antiguamente la iglesia administraba los cementerios, los suicidas no podían enterrarse allí porque habían cometido un pecado grave. Por eso, eran enterrados en el lugar donde después se construyó el parque ‘El Renacimiento’. Sin embargo, hay un suicida que, paradójicamente, hoy tiene un mausoleo en el exclusivo sector histórico: José Asunción Silva.
Por su parte, “como los pobres son biodegradables los pavimentaron”, afirma Escobar, pues una calle y varias tiendas de lápidas fueron construidas en el lugar donde enterraron a quienes no tenían mucho dinero. “Como a los pobres lo enterraban en cualquier parte, no se exhumaron los cuerpos que están debajo de todo esto (refiriéndose a la calle y las tiendas) porque no se sabe en dónde están exactamente”, afirma Yamile.
Finalmente, hay un tercer lote que será convertido en parque, entre el Cementerio Central y el parque ‘El Renacimiento’. Allí, afirma ella, se dice que enterraron a los que murieron durante la toma del Palacio de Justicia.
Patrimonio en peligro
El sector del cementerio central, donde se encuentran los mausoleos de los acaudalados e ilustres, fue declarado patrimonio cultural en 1984. “Si usted quiere ver los diferentes estilos arquitectónicos que han existido, en un solo lugar, valla al Cementerio Central”, afirma Escobar. Allí, explica Yamile, “hay desde mausoleos góticos hasta tumbas con inscripciones egipcias o columnas griegas”.
Sin embargo, el deterioro es evidente. Las estatuas que son en mármol o bronce más de una vez se las han intentado llevar. Hay tumbas sin lápidas y lápidas sin letras. Incluso, hay sepulcros en donde no se sabe quién es el muerto porque no hay registros y las inscripciones están dañadas o no existen.
“Eso pasa porque la gente se olvida de sus antepasados y no vuelven para arreglar las tumbas. Como dicen por ahí, el muerto al hoyo y el vivo al baile”, concluye Yamile.
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