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La historia del deportado Alberto


Alberto Lineros* llegó en un vuelo charter junto con otros colombianos. Durante el trayecto, que duró aproximadamente unas cinco horas, casi no pudo comer ni ir al baño. Su familia, a la que no veía hace más de seis años, lo estaba esperando. Pero no estaban parados afuera de la sección de inmigración del aeropuerto El Dorado, en Bogotá, donde se conglomeran los parientes ansiosos con pancartas, bombas, flores, y a veces, hasta con conjunto de mariachis.

Su familia estaba en Medellín, la ciudad donde había vivido toda la vida, a pesar de haber nacido en Barranquilla. Les había dicho que no fueran a recogerlo a Bogotá, que él llegaría por sus propios medios a “Medallo”. No lo hizo por evitarles el viaje, sino porque a las familias de los deportados -que en los charters federales viajan esposados de pies y manos- nunca les informan con certeza, qué día, ni a qué horas, es que van a mandar a sus seres queridos.

Había salido de Colombia, huyéndole a la falta de trabajo y oportunidades hace diez años. Hizo tres viajes a Estados Unidos entre el 95 y el 98. En el último, entró a los Estados Unidos como cualquier pasajero, con visa en su pasaporte, y todos los papeles en regla. “Yo no era un indocumentado”, aclara con su acento paisa, pero con un dejo costeño.

La razón por la cual Alberto fue deportado a Colombia fue porque terminó de cumplir una pena en la cárcel por un delito que cometió, y que prefiere no especificar. De los ochenta colombianos que venían en el avión, treinta habían “hecho tiempo” en cárceles de Estados Unidos y el resto venían deportados porque eran indocumentados.

En Estados Unidos está establecido que las personas que terminan de cumplir condenas en cárceles del país o que son detenidos porque no tienen los papeles en regla deben ser deportadas máximo 90 días después de que se emite la orden. Pero ese plazo no necesariamente se cumple al pie de la letra. Los procesos de deportación suelen ser largos, aún más cuando se está preso en una cárcel en los Estados Unidos.

En Buffalo, donde estuvo confinado Alberto, había muchos extranjeros, pero dice que a los hispanos les iba peor que a todos los demás. “Entre los hispanos a los que nos toca más duro es a los colombianos y a los dominicanos. A nosotros nos joden mucho por la droga- explica- Es la cagada estar allá metido y ser colombiano.” Cuenta que les abrían la correspondencia y para llamar a su familia tenía que “hacer chancucos”, corriendo el riesgo de que si lo pillaban, lo castigaban. Por fortuna, explica que él no tenía que enviarle dinero a su familia, ni tenía que preocuparse por una esposa y unos hijos mientras estuvo en la cárcel, como si le tocaba a muchos de sus compañeros.

En agosto de 2005 le dijeron a Alberto que ya había terminado de cumplir su pena, pero lo dejaron pagando tiempo extra en la cárcel hasta diciembre, cuando los de inmigración lo sacaron de la prisión y lo llevaron en avión hasta un centro de detenidos en Nueva Orleáns. “En ese vuelo me llevaron encadenado como a un animal.” Dice que iba esposado de pies y manos y alrededor de la cintura tenía una especie de cinturón metálico, del que se desprendía una cadena, que aseguraban a las muñecas para que no las pudiera levantar.

Pero antes de llegar a Nuevo Orleáns tuvo que ir al consulado colombiano para que confirmaran su nacionalidad. “Así uno mande el registro civil, la cédula, la partida de bautismo, igual le toca ir al consulado, para que puedan comprobar que uno es colombiano. Se fijan mucho en el acento y le empiezan a hacer preguntas sobre la ciudad donde uno vivía. Hay unos que les toca muy duro porque salieron de muy niños y ni acento tienen ya, mucho menos se acuerdan de la ciudad donde nacieron”, dice Alberto, a quién no le costó mucho trabajo demostrar su nacionalidad.

Albero todavía no entiende por qué lo llevaron hasta Nueva Orleáns desde Nueva York, y mucho menos por qué siguió operando ese centro (el huracán Katrina había arrasado con la ciudad puerto cuatro meses antes) donde el hacinamiento era insoportable. La mayoría de los 300 hombres que compartían el recinto con él, dormían en el suelo. Las mujeres dormían juntas en otro cuatro.

En el centro de Nueva Orleáns estuvo un mes y cinco semanas, compartiendo historias con asesinos, ladrones, violadores y los que simplemente habían sido capturados por indocumentados, pero que jamás habían cometido un solo crimen en su vida. Entre ellos había muchos latinoamericanos, especialmente mexicanos, salvadoreños y colombianos. A unos los habían detenido tratando de entrar al país por “el hueco”, en la frontera con México, o alguien los había denunciado mientras estaban trabajando. Alberto recuerda, con un poco de rabia e indignación, el caso de un hombre que pintaba casas. Lo habían bajado de la escalera donde estaba pintando, para llevarlo al centro con la brocha fresca todavía. Lo deportaron a su país natal con los mismos pantalones manchados de pintura con los que había sido capturado y con los que había tenido que vivir durante su encierro un par de semanas, en el centro de detenimiento nauseabundo de Nuevo Orleáns.

El vuelo de regreso a casa tampoco fue un momento de esperanza y alegría. Durante todo el trayecto viajaron esposados. Cuando el avión aterrizó en Bogotá avanzó hasta una plataforma y se detuvo. “Mientras esperamos en la plataforma, los guardias empezaron con amenaza va y amenaza viene, y nos dijeron que si alguien se atrevía a hacer algo, el avión arrancaba de inmediato otra vez. Se abrió la puerta del avión y entraron los del DAS, que nos dijeron que nos bajáramos del avión y camináramos ordenadamente hasta un cuarto dentro del aeropuerto. Todo el tiempo nos escoltaron hasta allá. Nos pararon en todo el centro de la habitación y ahí por fin nos quitaron las esposas. De ahí pasamos a la sala de inmigración donde empezó el proceso rapidito”, cuenta Alberto.

En inmigración lo primero que hicieron fue quitarle el pasaporte. Los funcionarios del DAS, según él, fueron muy amables y eficientes, a pesar de que cumplen turnos de 24 horas seguidas, periodos en que atienden a los deportados y a todos los demás vuelos que aterrizan en El Dorado repletos de pasajeros. Si los deportados no son buscados por la INTERPOL, y no tienen una condena pendiente en Colombia, quedan libres, pero en el aeropuerto no se pueden quedar, hay demasiado tráfico de gente, y necesitan despejar las salas.

Alberto quedó libre en cinco minutos para irse a Medellín, pero muchos de sus compañeros de vuelo no sabían a donde ir y otros no tenían ni quinientos pesos entre el bolsillo. “Entre varios del vuelo hicimos una recolecta para darle el dinero del bus a un muchacho que iba para Cali”, dice. Otros terminaron llevándose a un compañero que no tenía ni familia, ni amigos para la casa de sus parientes.

Ya han pasado varios meses desde su llegada y Alberto cuenta que gran parte de los que venían con él en el avión, ya se devolvieron para Estados Unidos o se fueron a otros países como México. Algunos no esperan a ver si pueden conseguir trabajo de nuevo en el país, prefieren invertir sus ahorros en tramitadores que pueden cobrarles hasta 15 millones de pesos por ayudarlos a pasar por el hueco una vez más. La urgencia es mayor cuando tienen a su familia del otro lado.

“Si los cogen otra vez les va mucho peor”, explica Alberto. “Cuando uno comete un crimen allá, uno cumple una sentencia estatal. Pero después de que uno ha sido deportado, si lo capturan otra vez, le toca cumplir tiempo federal. Ya no es el estado el que toma la decisión, es a nivel nacional. Y lo pueden mandar, si a ellos se les da la gana, a cumplir tiempo a una cárcel de máxima seguridad en Alaska.”

A pesar de que no le han faltado propuestas para regresar, Alberto dice que él no va a correr ese riesgo: “Yo no vuelvo. La mierda que me vaya a comer prefiero comérmela aquí y no en otro lado”. Durante los cinco años que estuvo en prisión, hizo varios cursos para matar el tiempo. “Los 10.000 diplomas que saqué allá, aquí no me sirven para nada. Los que estamos acá estamos todos en la lucha, como si nunca nos hubiéramos ido, buscando la forma de salir adelante”, y agrega que dos compañeros que venían en el avión han optado por montar negocios propios, uno en Cali, y otro en Bogotá, mientras él anda dedicado al rebusque y a los trabajos informales en Medellín. Dice que nunca recibió ayuda de ninguna institución y tampoco espera que nadie le ayude porque él cumplió con su condena.

*Su nombre ha sido cambiado.



 

 

Comentarios (8)
  • CLAUDIA  - urgente puede responder el verdadero alberto??
    por favor necesito hablar con el verdadero alberto, sera que puede
    escribirme...muchas gracias

    claudia
  • Diony Restrepo  - Mensaje para Alberto el Deportado
    Buenas tardes;

    Quien conozca a Alberto me podria poner en comunicacion con èl, puesto que ean
    su relato el habla de unos amigos con los que fue deportados y habla de uno en
    especial que me llama la atencion porque dice que no tenia familia, resulta que
    yo tengo un tio que tambien venia deportado pero nosotros no sabiamos solo hasta
    hace poco que el Ministrio de Relaciones Esteriores me lo confirmo, posiblemente
    este amigo sea mi tio quien se llama Joel Hernandez Roldan, es de Medellin, el
    se encuentra desaparecido y el DAS no da ninguna razon de su desaparicion, por
    favor, pido toda su colaboracion. Mil Gracias
  • FERNANDO CEDENO  - SI DESEAN PUEDEN DIRIGIR SUS EXPERIENCIAS A MI COR
    HOLA SI DESEAN PUEDEN ENVIAR SUS EXPERIENCIAS VIVIDAS EN SUS DEPORTACIONES A MI
    CORREO,

    ESTOY MANEJANDO UN PROYECTO PARA INFORMAR Y COLABORARLES EN LO MAS POSIBLE
  • daniela  - mi esposo es colombiano deportado
    quiero saber si mi esposo despues de deportado puede iniciar tramites de
    residencia pues el haber estado cosado conmigo no impidio su deportacion
  • FERNANDO CEDENO  - AL LEER SUS SITUACIONES LOS ACOMPANO EN MIS ORACIO
    SOBREVIVO EN FRANCIA CON UN SALARIO MINIMO. POR RAZONES DE TRABAJO VIAJO MUY
    SEGUIDO A BOGOTA VIA NEWARK. CREANME QUE COMO HUMANO CRISTIANO CATOLICO QUE SOY
    SIENTO DOLOR VER EN ESTE AEROPUERTO DE NEWARK EMBARCAR DEPORTADOS EN MI MISMO
    VUELO, LO HACEN DE UNA FORMA INHUMANA,ES UN SHOW QUE LES HACEN HACER CASI
    OBLIGADO PARA AVERGONSARLOS EN ESTA AREA DE EMBARQUE.AUN MAS COMO SI NO FUESE
    SUFISIENTE EL YA ESTAR EN LAS GARRAS DE SU ADMINISTRACION PENITENCIARIA.SIN
    RESPETO A LO HUMANO, SIN NINGUNA DISCRECION. PUEDO COMPRENDER QUE PARA LA LEY
    U.S.A- ES POR RAZONES DE SEGURIDAD, PERO NO EN LO HUMANO.CREANME QUE E DEJADO
    LAGRIMAS DISCRETAS EN ESOS EMBARQUES, DIOS LOS BENDIGA Y MIS ORACIONES LES
    AYUDEN A PROSPERAR EN SUS AMBITOS. UNAMONOS SEAMOS SOLIDARIOS SOMOS HERMANOS,
    HUMANOS, Y COLOMBIANOS.
  • Evelyn Ligardo  - ORACIONES POR MI HIJO
    GRACIS POR SUS ORACIONES
  • Evelyn Ligardo
    GRACIS POR SUS ORACIONES
  • Evelyn Ligardo  - rezar por mi hijo
    Padre Albero , en este momento pido una oracion por mi hijo que le tiene que dr
    diagnostico, y me siento angustiada y pida ayuda para aumentar mi fe y
    foratleza en estos momentos

    Gracias QUE DIOS LOS BENDIGA



    Evelyn Ligardo
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