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Entrevista con un patriota



 
Cuando Jaime Ernesto Cáceres salió de Colombia para México, en 2001, tuvo claras dos cosas: una, que salía por trabajo y otra, que siempre iba a mantener vivo el nexo con su país. “Nuestra casa en México siempre fue una pequeña Colombia”, dice Cáceres, quien sobre su traje negro lleva un pin con la bandera de Colombia en la solapa y un reloj que dice Colombia. Explica que mientras estuvo lejos de su país natal siempre tuvo comida colombiana (con ingredientes traídos de “contrabando”) televisión del país y que el vallenato nunca faltó.

A este joven empresario, graduado de ingeniería civil de la Universidad Javeriana, le ofreció trabajo en México la tercera reaseguradora más grande del mundo, Hannover Re, para manejar uno de las tres líneas de negocios. “Fue una oferta que acepté porque la reaseguradora venezolana que yo manejaba en Colombia la cerraron. En esos momentos Colombia estaba en una situación complicada y conseguir trabajo no era fácil. No tenía otra alternativa. Los de Hannover me dijeron: debe estar en México tal día, a tal hora y listo, y yo arranqué”.

Hoy puede decir que la experiencia en México le ha traído cosas muy interesantes, y no solo a nivel profesional. “Desde el punto de vista cultural y turístico México es un país interesante,” comenta, pero añade que con el tiempo y la distancia se dio cuenta que Colombia es un país que también tiene grandes cosas. Por eso también buscó la manera de regresar y traer la representación de Hannover Re a Colombia.

¿Cómo fue esa llegada a México, esa adaptación a nivel empresarial y personal?
“Yo llegué como director de un área y después fui director general de la operación. Cuando llegué, yo les dije que respetaba mucho la mexicanidad pero también quería que hubiera colombianidad. Siempre iba al trabajo con mi escudo de Colombia, pulseras de Colombia en la muñeca, la oficina mía siempre tuvo la bandera de Colombia, la de México, la de la compañía, la de Alemania y además tenía un mapa de Colombia en alto relieve.
Yo fui siempre quien soy, nunca modifiqué mi léxico, como a algunos les pasa. Hay quienes lo hacen estratégicamente para acercarse más al mexicano. Yo de alguna manera eso lo respeto pero no lo comparto. De pronto uno usa palabras de ellos para que lo entiendan. En Navidad, en la oficina por ejemplo, hacíamos una novena y una Posada (celebración mexicana). Comíamos tamales con mole pero también buñuelos. En las fiestas les ponía vallenatos y les decía cómo se bailaba.

¿Qué piensa de los colombianos que sostienen que no piensan regresar a Colombia?
Siempre me molestó la actitud de aquellos colombianos que decían que no pensaban regresar a Colombia. De la gente que sale de Colombia hay que evaluar siempre quién salió, como salió y para dónde salió, de dónde venía, a qué compañía y a qué cargo. La gente que sale a nivel ejecutivo y a nivel de expatriado es porque es gente muy buena. Hay también gente que nunca ha tenido nada y que le pagan hasta la risa, entonces son personas que agarran el sol con las manos y ya se sienten mexicanos. Yo siempre he dicho que el que se olvida de sus raíces se olvida de quién es. Y se olvidan de quién les dio lo que son. Todos los que estamos aquí, lo que somos se lo debemos a Colombia, a una cultura que nos enseñó a crecer. Que nos enseñó a luchar por nosotros mismos.

¿Por qué algunos colombianos logran ser tan exitosos?
La única explicación que encuentro es que a nosotros nunca nadie nos regaló nada, nosotros no tenemos subsidio de gasolina, subsidio de estudio y si yo no hago algo bien hay 30 detrás que lo hacen mejor que yo. El nivel de competencia en Colombia es muy alto. Recuerdo la frase de un amigo colombiano que decía: “Berracos no somos los que estamos afuera, berracos son los que se quedaron”.

¿Cree que el país cambió durante los años que estuvo ausente?
Después de Uribe el país ha trascendido enormemente por eso yo convencí a los alemanes que lo que hacíamos desde México lo podíamos hacer mejor desde Bogotá. Les demostré a los alemanes que esto se lograría gracias a la ubicación geográfica (Colombia está en el centro de Latinoamérica), y a algunos argumentos técnicos que no vienen al caso y los números que hablaban por sí solos. Los alemanes lo entendieron”.

¿Cómo fue ese retorno a Colombia?
“Regresar a Colombia no me costó trabajo, pues ahí estaban mis amigos. Nunca voy a olvidar que cuando le contamos a mi hijo mayor (de ocho años) que nos regresábamos a Colombia, me escribió una notica que decía: “Gracias papito, gracias por ayudarme a cumplir mi sueño”. Ahí me di cuenta que de alguna manera sirvió la educación colombiana que nosotros les dimos a los niños día a día en México.
A los diez años mi hijo empezará una etapa muy difícil en el desarrollo de la adolescencia y yo quiero que crezca como me educaron a mí y no en un ambiente ajeno al nuestro como era el de México, respetable, pero que no lo puedes cambiar.




 
 
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