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Juan Pablo Umaña siempre supo qué quería hacer en la vida. Se la pasaba dibujando carritos en sus cuadernos del colegio y soñando con la idea de convertirse en diseñador de autos. Cuando se graduó del colegio Jose Joaquín Casas en Bogotá, seguía empeñado en cumplir su sueño, pero el problema era que en todo el mundo solo hay cinco universidades donde se puede hacer la carrera de diseño automotriz, y ninguna queda en Colombia.
Por eso decidió estudiar ingeniería automotriz en la Fundación Interamericana Técnica en Bogotá. A pesar de que la ingeniería era lo que más se acercaba a lo que buscaba, Juan Pablo no estaba totalmente satisfecho con su carrera. Faltando poco para graduarse como ingeniero, decidió hacer un viaje a Europa para hacer una pausa y probar suerte, a ver si lograba encarrilarse nuevamente hacia lo que realmente quería. Muchos de sus amigos le decían que estaba loco, que no creían que él podría quedarse estudiando diseño en Europa, y mucho menos convertirse en un diseñador de autos siendo un ingeniero colombiano.
Juan Pablo emprendió su viaje y cuando le faltaba todavía la mitad del recorrido se quedó sin plata. Tuvo que dormir en las estaciones de tren y pedir limosna, pero dice que fue una muy buena experiencia porque le permitió conocer personas verdaderamente solidarias, como a un grupo de viajeras italianas, que lo invitaron a comer cuando llevaba cinco días sin un peso para comprar comida. A pesar de los problemas económicos de su viaje, Juan Pablo tomó la decisión que el lugar donde tenía que estudiar era el Instituto de Diseño Europeo en Torino, Italia, pues es allí donde aprenden los que diseñan autos Ferrari.
Umaña averiguó qué tipo de requisitos debía cumplir para poder ser admitido a esa escuela de diseño. Uno era ser diseñador de profesión o tener experiencia en el campo artístico, pero él tenía formación de ingeniero. También le exigían tener un portafolio de diseños que él no tenía. Pero nada de esto le impidió a Juan Pablo conseguir una entrevista con el director del instituto.
Juan Pablo viajó hasta Torino, llegó a la escuela y se entrevistó con el director -con quien tuvo una excelente empatía. Pero la empatía y las ganas no fueron suficientes para que el rector lo aceptara. Juan Pablo salió desinflado de la entrevista y fue a sentarse en una banca del jardín del instituto a digerir la mala noticia. Un par de minutos después el director de la escuela bajó hasta donde estaba y le dijo: “Como usted es ingeniero, si logra que este carro prenda, le doy los papeles para entrar al instituto”. Juan Pablo se acercó hasta el prototipo de carro que al parecer no había querido prender, empezó a mover cables y a “cacharrearle” como cualquier mecánico y por suerte el carro prendió.
Regresó a Colombia entusiasmado, sacó su visa de estudiante y llegó a Italia dos meses antes de entrar a la universidad, porque a pesar de que ya había tomado cursos de italiano en Bogotá, debía perfeccionar el idioma para defenderse en el instituto. Además la condición que le había impuesto el director para admitirlo era que debía sacar cinco en todas sus materias el primer semestre si quería quedarse.
“Siempre había hecho dibujos, pero eran más bien mamarrachos, porque no tenía experiencia en eso,” cuenta Juan Pablo, quien tuvo que esforzarse muchísimo para lograr los resultados que esperaba el rector al final del semestre. Umaña sacrificó su tiempo libre y vida social por un cinco que nunca logró. La nota fue un 4.7 pero los profesores lo felicitaron; le dijeron que nadie se sacaba un cinco y que un 4.7 era lo más cerca que se podía llegar.
Umaña no solo se convirtió en uno de los mejores alumnos del instituto, sino también en el estudiante con más espíritu de compañerismo, ayudando a los más jóvenes o a los que tenían problemas con el desarrollo de sus diseños. Gracias a su actitud Juan Pablo logró hacer muchos amigos y hoy en día tiene varios contactos en las principales compañías automotoras alrededor del mundo.
Como estudiante participó en un proyecto con Pininfarina- la casa de diseño más prestigiosa de autos Ferrari, Masserratti, y Lamborgini- en el que debía diseñar la cola del Ferrari que esta casa italiana piensa lanzar en el 2010, y su diseño quedó entre los más opcionados. Pero no fue esto lo que le abrió el camino del diseño en Europa.
Juan Pablo presentó como proyecto de grado una patineta futurista que permite a las personas desplazarse a una alta velocidad por la ciudad, “surfeando” por entre los carros, mientras hacen ejercicio. Su invento fue seleccionado como el mejor proyecto de grado entre todos los demás, que se exhibieron en un salón especial al que asistieron profesores, estudiantes, y representantes europeos y japoneses de compañías automotoras.
“Vi a un japonesito caminando como perdido entre los proyectos, entonces fui a saludarlo y para que no se sintiera tan desorientado le mostré los trabajos de mis compañeros y por último el mío”, relata Umaña. El japonés le preguntó por qué le había mostrado de últimas su propio proyecto y él le dijo que como su apellido era Umaña, por orden alfabético le había tocado el último lugar en la sala de exposición. El japonés le comentó que le gustaba mucho su proyecto y su forma de ser tan cordial, y que por tal motivo quería que se presentara para una entrevista en Roma en los próximos días, en la compañía japonesa HONDA, donde él trabajaba como jefe de diseño.
Juan Pablo pasó el proceso de selección y entró como diseñador del departamento de Investigación y Desarrollo de la casa matriz de Honda en junio de 2002. Pero antes de poder ejercer como diseñador junior tuvo que borrar marcas de llantas sobre el piso con un borrador de nata, atender las quejas y reclamos de los usuarios y servir de recepcionista. Todo esto era parte del entrenamiento, pues los japoneses creen que hay que aprender las cosas más sencillas primero para poder hacer lo más complejo después.
Ahora Juan Pablo, de veintisiete años, es responsable de un equipo completo de trabajo que hace estudios para conocer cuales son las tendencias a futuro en el mercado de motos y luego las diseñan. Entre las que ha diseñado está la Scooter más vendida en Europa, la SH 125/150. También ha diseñado la Hornet, una motocicleta con unas características muy especiales, pues es fácil de manejar tanto en campo como en ciudad, es muy sólida y estable, y además es ecológica pues es una moto de inyección electrónica.
“Mi pasión en realidad son los carros pero las motos lograron conquistar mi corazón”, afirma Juan Pablo, y añade que la primera vez que se montó en una moto fue en una pista de velocidad italiana, donde le enseñaron. Pero las motos no lo han hecho olvidar su sueño de diseñar carros y ahora está apoyando el desarrollo de un auto solar en la Universidad Industrial de Santander. La idea es que los jóvenes de la UIS que están trabajando en este proyecto compitan en el World Solar Challenge en Australia en el 2009. "Este proyecto también tiene como fin mostrar las capacidades que posee Colombia en la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías”, afirma Juan Pablo, pero añade que infortunadamente no han avanzado tanto como quisieran por falta de patrocinadores.
Pero el compromiso de Juan pablo con los jóvenes en Colombia no para ahí. Hace un año, Jose Clopatofski, el director de la revista Motor en Colombia, lo llamó para hacerle una entrevista para el programa Motor TV de City TV. La propuesta era que la entrevista fuera en vivo y en directo ante los estudiantes de la Universidad de Los Andes en Bogotá. Juan Pablo accedió y habló frente a los alumnos sobre “el poder que tienen los sueños”, frase que se ha convertido en la primera línea de motivación de las charlas y conferencias que ahora dicta ante diferentes tipos de público para incitarlos a lograr lo que se proponen.
En esa ocasión Juan Pablo conoció al rector de la universidad y desde entonces han ido trabajando en conjunto para desarrollar un curso especial en diseño automotriz, para que los estudiantes de ingeniería o diseño, puedan tener una formación complementaria durante un año más que les permita desarrollarse en este campo. “La idea es prepararlos mucho mejor, para que no les pase como me pasó a mi”, dice Umaña.
La idea de Juan Pablo es poder regresar a Colombia el año entrante para quedarse. Quiere seguir apoyando a los jóvenes colombianos en las universidades pero también trabajando, ojalá, en una compañía en el sector privado, donde pueda coordinar equipos e impulsar el diseño de colombianos.
Aunque le ha ido muy bien en Italia y ha hecho grandes amigos italianos dice que le hace falta el espíritu alegre de los colombianos. “En Colombia hay muchas ganas de hacer cosas, porque en Europa todo está ya predefinido, entonces no son tan despiertos y tan activos.” Agrega que los colombianos tienen también una increíble capacidad de adaptación, y esa es otra gran ventaja. Dice que por eso tal vez le ha ido muy bien, y como colombiano no ha tenido mayores problemas, excepto a la hora de viajar con pasaporte colombiano. Tan solo hace quince días sus maletas aparecieron con los cierres rotos y el forro hecho pedazos cuando regresaba de Colombia a Italia.
Su familia también le ha hecho mucha falta en los años que lleva por fuera, pero dice que desde la distancia siempre fueron un apoyo importante. Fue su hermana, quién falleció hace un año por una enfermedad muy grave del corazón, quién le dio la verdadera fuerza para salir adelante. “A pesar de sus problemas de salud siempre buscó dar más de lo que su condición la dejaba, luchaba por vivir, y le pedía a la vida cada día más y más…… y creo que gracias a su ejemplo hoy soy lo que soy,” dice Juan Pablo y añade: “Lo importante no es llegar sino demostrar que uno merece haber llegado.”
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dibuja mas un conpaÑero mio y si ALGO si usted dibuja mucho muestre un dibujo
mejor que el de mi conpaÑero