Hace un par de años los colombianos que emigraban al Ecuador eran bien recibidos y acogidos por el país vecino. Pero a lo largo de los últimos diez años esta situación ha ido cambiando lentamente por causa del conflicto armado.
El sociólogo, profesor, e investigador ecuatoriano de la FLACSO, Freddy Rivera, ha realizado varios estudios sobre racismo, nacionalismo, y construcción de la identidad en distintos países de América Latina y sobre los cambios que se originan en las naciones debido a la migración. Sus últimos estudios se han centrado en la migración forzada de colombianos al Ecuador.
De acuerdo con los estudios de Rivera, la mayoría de colombianos han emigrado por factores de violencia e inseguridad. La mitad de los colombianos está en Quito, Pichincha, otros en Carchi -la provincia fronteriza con Nariño- y en las provincias de Guayas, Pacífico Sur, y Sucumbíos -la provincia fronteriza con Putumayo.
Según el censo ecuatoriano de 2001, las ocupaciones principales de los 50.000 colombianos que para ese entonces había en Ecuador, están en el sector de servicios, metalmecánica, artesanía, panadería, y el sector agropecuario. En el norte del país los colombianos se han vuelto famosos por sus destrezas en metal mecánica y panadería.
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El censo de 2001 fue el punto de partida del estudio que Rivera y su equipo de investigación hicieron para ACNUR sobre la inmigración de colombianos al Ecuador y sus proyecciones hacia el 2010. Si bien es cierto que ha existido una inmigración de colombianos hacia el Ecuador desde 1911, es en la última década (con la intensificación del conflicto armado colombiano) que los flujos migratorios incrementaron de manera dramática. La iniciativa Regional Andina, el Plan Colombia y la escalada de los combates en los departamentos fronterizos fueron las principales causas de un exilio forzado de miles de personas. Si el flujo de inmigración por el conflicto se mantuviera estable, para el 2010 habría 104.000 colombianos en el país vecino.
El estudio de Rivera analiza las solicitudes de refugio de colombianos en dos periodos específicos. El primer periodo va desde el 2000 hasta el 2003. Según cifras de ACNUR en Ecuador, en 2003 se presentaron 11,463 solicitudes de refugio. Rivera afirma que hay una relación directa entre la intensificación del conflicto interno y las solicitudes presentadas. Por esta época se rompieron los diálogos entre las FARC y el gobierno de Andrés Pastrana, se termina la zona de distensión en el Caguán y como resultado hay una corrida humanitaria hacia el Ecuador.
El segundo tramo analizado va desde 2004 a 2005, cuando disminuyen las solicitudes de refugio. Durantes estos años se trasladan las operaciones del conflicto de Putumayo hacia la parte baja de Nariño con la provincia de Esmeraldas. Empiezan igualmente las fumigaciones de cultivos y un posicionamiento estratégico de los militares en esta área, factores que también obligan a los colombianos a cruzar la frontera. Ya en el segundo semestre de 2005 y a lo largo de 2006, hay una serie de cambios en política exterior, que empiezan también a afectar el flujo migratorio de colombianos hacia el Ecuador, pues solo se presentan 3.778 solicitudes de refugio.
Según el convenio bilateral de movilidad, establecido en 1995 entre los dos países, un colombiano puede entrar al Ecuador y permanecer en el territorio por 180 días. Esto ha hecho que muchas personas estén en permanente movilidad, y que existan unas dinámicas laborales temporales en la zona fronteriza. El número de salidas siempre es mucho mayor al número de entradas y se calcula que solo el 30% de los colombianos retornan a su país, así no se le aprueben las solicitudes de refugio. “Ellos se quedan en el país, y pasan a otro estatus jurídico. En los trabajos antropológicos que hemos hecho, inclusive han constituido asociaciones de “negados” en distintos sitios y no van a regresar”, explica Rivera.
Para los ecuatorianos la llegada de los colombianos ha empezado a convertirse en un factor de preocupación: “Desde hace cuatro años el imaginario nacional ecuatoriano respecto a los colombianos se ha transformado enormemente”, dice Rivera, y explica que una parte fundamental de su estudio ha consistido en la revisión de lo que publica la prensa en este país frente a los colombianos. Según Rivera, hace algunos años los ecuatorianos percibían que los colombianos mostraban permanentemente una alegría enorme para trabajar, buena disciplina, y emprendimiento. Estos eran motivos de admiración, pero la imagen que ahora tienen de los colombianos se ha transformando negativamente.
“Es frecuente encontrar en editoriales de periódicos y columnas de opinión, posiciones nacionalistas, xenófobas, racistas contra los colombianos y esto se está acrecentando cada vez más”, dice Freddy Rivera y añade que este tipo de comentarios vienen de columnistas que son tanto de izquierda como de derecha. “La posición frente a lo que se llama el ‘problema colombiano’ está presente”, dice.
Según Freddy, lamentablemente cada vez más estas actitudes “anti colombianas” se legitiman entre distintas instituciones oficiales. Algunos políticos y los cuerpos de seguridad nacional están utilizando este “problema colombiano” para beneficiar sus propios intereses. Según Rivera, la policía ecuatoriana maximiza y sobredimensiona la delincuencia de origen colombiano para tapar su propia ineficiencia.
Rivera afirma que el número de colombianos varones detenidos en Ecuador no pasa del 10 %. “No obstante hay una sobre representación de la imagen de que mucha de esa violencia y crímenes vienen de Colombia”, cuenta el investigador. En el caso del sexo opuesto, infortunadamente el 70% de las presas son mujeres colombianas, que cumplen condenas por delitos de narcotráfico (muchas de ellas entran al país como mulas), pero no por delincuencia.
El año pasado, se realizó el Latin American Public Opinión Project de la Universidad de Vanderbilt, que demostró que el 74% de los ecuatorianos encuestados no están de acuerdo con la llegada de los colombianos a su país. Tres años antes, la empresa Informe Confidencial realizó un sondeo sobre las percepciones de los ecuatorianos sobre los colombianos en Quito y en Guayaquil con una muestra de 1.800 personas. Para ese entonces no había una percepción tan negativa sobre los colombianos, pues más del 60% de los encuestados consideraba que los colombianos son trabajadores y emprendedores y que la mayoría es gente buena. No obstante, el mismo número de personas consideraba que los colombianos que estaban llegando al país les estaban quitando los puestos y el 50% de los encuestados decía que mucha de la violencia en el Ecuador era incitada por los colombianos.
Estas percepciones se han convertido en medidas de seguridad mucho más estrictas en el Ecuador. El pasado judicial se estableció como medida para la entrada de colombianos a este país, y desde hace cuatro años se cierra la frontera de 10 pm a 6 am. Esta medida fue solicitada por un prefecto llamado Yandún, quién según Rivera, incluso llegó a pedir que se hicieran campos de concentración para los colombianos. Adicionalmente, desde octubre del año pasado, Ecuador reactivó su sistema de defensa aérea en la frontera con Colombia.
Ecuador se queja de que el estado colombiano no les presta la suficiente atención a los refugiados colombianos. Según Rivera: “Hay una invisibilización del problema humanitario y una falta de corresponsabilidad en términos del estado colombiano en el tratamiento humanitario de su gente, y esto llegó a extremos cuando unos colombianos refugiados en Esmeraldas fueron al consulado a solicitar una bandera para el 20 de julio y les negaron la bandera. Eso es como decirles “ustedes como ya pidieron refugio se las arreglan allá”, afirma Rivera.
El conflicto sigue vigente en la frontera. El pasado 23 de febrero más de 400 colombianos cruzaron la frontera y se refugiaron en la población de Chical al norte del país, según ACNUR. Además del éxodo de los desplazados por la violencia, los actores armados del conflicto se han movilizado en varias ocasiones de Colombia hacia Ecuador. Con el tema de las fumigaciones las relaciones bilaterales se ha vuelto aún más tensas y ante un proceso de desmovilización que deja muchas dudas de su efectividad, hay una nueva preocupación de que los excombatientes no logren reinsertarse, decidan volver a rearmarse o decidan cruzar las fronteras.
Según Rivera, ante una fragilidad y fragmentación nacional como la ecuatoriana, por diferencias regionales, inestabilidad política y una economía débil, el ‘problema colombiano’ tristemente se constituye en el referente común de unión de un país internamente muy dividido.