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Juan Roa Sierra nació en Bogotá alrededor de 1922, hijo de una madre, aún viva, que tuvo catorce hijos en total. Su padre murió en 1927 de una enfermedad que no viene al caso ahora. Uno de sus hermanos, sin embargo, ha estado en un asilo para enfermos mentales durante ocho años, víctima de esquizofrenia.
Juan Roa Sierra se educó en una escuela primaria durante tres años y, de allí en adelante, se enroló en diversas ocupaciones casuales como trabajador no calificado. Parece que era un trabajador poco eficiente, lento, falto de concentración y algo soñador. Durante un corto tiempo antes del asesinato estuvo desempleado.
No estaba casado, pero durante tres años tuvo una amante, la esposa de un hombre con quien tuvo dos hijos antes de que él la abandonara. El propio Roa tuvo un hijo con ella. Sus relaciones con su amante terminaron doce meses antes del crimen. Ella lo describe como un mentiroso de ideas peculiares, con inclinación a la brujería, y dice que llevaba consigo un recorte de periódico en el que había una fotografía del general Santander, de quien aseguraba ser la reencarnación. Ella recuerda que él recibió una carta de una Sociedad Rosacruz, donde se le aconsejaba que comprara un espejo y dos velas y lo mirara hasta ver qué aparecía. Después de este experimento, dijo que había aparecido una persona con el cabello revuelto y una mirada fija: “como Santander”.
Ella dijo también que él conocía al doctor Gaitán, que hablaba de sus visitas a la oficina de este último y que aseguraba que aquél lo había enviado a hacer propaganda en un distrito de la ciudad. Sabía que Juan Roa Sierra había pedido un puesto al doctor Gaitán y dedujo que él había respondido que no tenía tiempo para ese tipo de solicitudes y que, más aún, como el Partido Liberal no estaba en el poder, era incapaz de ayudarlo. Gaitán le aconsejó escribir al presidente, lo cual hizo (esta carta se encuentra en el expediente.) Cuando llegó la respuesta casi un mes después, ella le preguntó a Juan Roa Sierra si quería que lo nombraran Presidente, y él respondió agriamente: “tanto como eso, no”.
Su madre confirma su tendencia a soñar y estaba más que apenada y molesta por su falta de inclinación hacia el trabajo. Unos ocho meses antes del asesinato, ella notó que él se comportaba de manera algo extraña. Por ejemplo, “pensaba que era Santander o algo parecido; además dejó su empleo. Yo veía que se reía solo y parecía muy pensativo. Por esto fui al quiromántico, quien me dijo que él debía trabajar como mecánico”. Ella dice que su hijo sufría de problemas del corazón y tenía desmayos y que además padecía fuertes dolores de cabeza a causa de los cuales sentía como si “estuvieran fritando maíz dentro de su cabeza”. Confirma también su interés por el rosacrucismo y dice que nunca discutía con él sobre eso porque acentuaba su haraganismo y a ella eso le provocaba furia.
El quiromántico al que se hace referencia es un alemán que ha residido en Colombia durante los últimos doce años y está casado con una colombiana. Juan Roa Sierra solicitó sus servicios profesionales por primera vez unos dieciocho meses antes del crimen. En total lo consultó diez veces, la última de sus visitas fue el 7 de abril, dos días antes del asesinato. Según el quiromántico: “Él me dijo que tenía sueños sobre un tesoro o un entierro indígena que podía encontrarse, y nombró dos pueblos no lejos de aquí... Dijo que había sido llamado para un importante destino, algo que quizá la misma Providencia había elegido para él. Le dije que no podía llevar a cabo la empresa solo. Él respondió: ‘Solo tengo que vivir mi vida y solo debo seguir mi destino’ ”. El quiromántico habla de él como un hombre sensible sin apariencias perversas evidentes y cree que no era un fanático seguidor de ningún partido político.
Después de la primera visita que le hizo Juan Roa Sierra, la madre del joven vino a verlo y le dijo que estaba apenada porque su hijo no trabajaba y porque se creía la reencarnación del fundador de Bogotá, Jiménez de Quesada. La madre dijo también que Roa había estado pidiendo empleo al doctor Gaitán. El quiromántico introdujo a Roa en el rosacrucismo. “Vi que tenía percepción psíquica. Estaba muy interesado en los estudios del culto”. El quiromántico no observó señales de problemas mentales, pero sí lo descubrió en ocasiones retraído y abstraído. Se ha encontrado correspondencia entre Roa y la Orden Rosacruz de San José, California.
A otros testigos también les pareció algo peculiar. Uno de ellos dice: “Noté algo un poco raro en él, porque hablaba de magos”. Y otro: “Decía que no le gustaba trabajar. Decía que su vida tenía que ser diferente. Se creía casi preparado para ocupar un puesto superior en virtud del conocimiento especial que estaba adquiriendo y la instrucción especial que él se daba”.
Tenemos, por consiguiente, la imagen de un joven de alrededor de 26 años, con una educación relativamente escasa, haragán, soñador, visionario, con una percepción mística, más bien ridícula para sus amigos y parientes, de estar destinado para una importante misión. Un joven silencioso y reservado, con pocos amigos de verdad y con tendencia a interesarse en lo que puede describirse a grandes rasgos como ciencias ocultas. Se sabe que no hace mucho tiempo afirmó ser un seguidor y admirador del doctor Gaitán. Sin embargo, se dijo que más recientemente y poco antes del crimen dio la impresión contraria por un comentario sarcástico, refiriéndose a que la forma en que el doctor Gaitán vendía sus mercancías políticas se parecía mucho a la de un químico mercachifle o a la de un encantador de serpientes que exhibe sus productos en las plazas de mercado de los pueblos.
Poco más se sabe del joven hasta que llegamos a los hechos que lo relacionan de manera más directa con el crimen.
La secretaria del doctor Gaitán declaró que Juan Roa Sierra, en los meses que antecedieron al asesinato, fue varias veces a su oficina, que daba acceso a la del doctor Gaitán, pidiendo verlo. Su costumbre era presentar ante su jefe sólo a personas prominentes a quienes sabía que él querría ver. A todos los demás que iban con la esperanza de lograr una entrevista se les pedía que tomaran asiento y se les hacía esperar. Juan Roa Sierra pertenecía a esta última categoría y, según ella, no logró obtener una entrevista en ese momento.
Ella recuerda que el hombre fue acompañado en dos ocasiones, según cree, por otro hombre delgado, tolerablemente bien vestido, pero de apariencia más bien salvaje, con los ojos hinchados y un comportamiento agresivo. En tales ocasiones, el último, y no Juan Roa Sierra, actuaba como vocero en el intento de lograr una entrevista. Entre paréntesis, este individuo no ha sido identificado o rastreado, y estamos de acuerdo con el investigador jefe en que es difícil fiarse completamente de la memoria de la secretaria al relacionarlos.
En otras ocasiones, Roa fue solo. Estuvo en la oficina el 8 de abril y nuevamente a las 9:30 de la mañana el 9 de abril, día del asesinato. En cada visita decía poco, o sólo que quería ver al doctor Gaitán. En su última visita ella recordó que había ingresado su nombre en una ficha de citas, con el ánimo de preguntar al doctor Gaitán si podía verlo. Algunos días después del asesinato, ella se sobresaltó cuando escuchó el nombre y le pareció conocido, así que revisó la ficha de citas y descubrió que era idéntico.
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del Sr Ramon Castro.