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Cambia, todo cambia… cambia, todo cambia…
Pero no cambia mi amor por más lejos que me encuentre,
Ni el recuerdo ni el dolor, de mi pueblo y de mi gente
Y lo que cambió ayer, tendrá que cambiar mañana,
Así como cambio yo, en estas tierras lejanas.
A 26 kilómetros de los límites con Colombia, Lago Agrio, en el Ecuador, tiene ese sabor a zona de tolerancia, a tráfico de algún tipo y a negocios clandestinos que caracterizan a muchas ciudades fronterizas. Sin embargo, la ciudad ha cobrado recientemente vitalidad humana; se le ha inyectado a través de nuevos almacenes de ropa, restaurantes, casas de cambio y bares, un estímulo económico propiciado por inmigrantes colombianos.
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