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El sábado pasado un equipo de voluntarios inició la construcción de las casas en Soacha logradas por la campaña ‘Correr por una causa’. Crónica de una jornada gratificante.
Por Eliana Nieto
A las nueve de la mañana Olga Lucía Amaya no dejaba de rezar y agradecerle a Dios. Se había enterado de que a sus 38 años iba a tener, por fin, una casa propia en el barrio Altos de la Florida, en Soacha, y que un grupo de personas ayudarían a preparar el terreno para iniciar dentro de unas semanas la construcción.
Era sábado, justo el pasado 27 de septiembre, y el sol ya comenzaba a calentar en el sur de Bogotá. Muchas puertas, paneles, martillos, palas, azadones y guantes se comenzaron a repartir a las más de 50 personas voluntarias, entre las que encontraban atletas que participaron en la campaña Correr por una causa de Conexión Colombia, amigos, donantes, familiares, miembros de la corporación y jóvenes voluntarios de la fundación ‘Un techo para mi país’.
La meta del grupo de voluntarios ese día era sólo una: construir cuatro de las 13 casas que fueron posibles gracias a los fondos que se recaudaron con la campaña de Conexión Colombia y que convocó a 30 personas que corrieron en la Media Maratón de Bogotá a finales de julio.
“Mis hijos no van a tener que mojarse más”, dijo Olga Lucia, madre de cinco hijos, con lágrimas en los ojos. Contó además que en este momento todos tienen que dormir en una cama sencilla y las latas de las paredes se mueven de un lado a otro cuando el viento es muy fuerte.
A unas cuadras más abajo, por un camino estrecho y destapado, María Escobar de Bedoya, con un marcado acento paisa oriundo de Manizales, explicó que tuvo que acudir a la solidaridad de sus vecinos. Su casa, hecha de palos y latas, se había derrumbado hace unas semanas y estaba viviendo en una habitación al lado de una cancha de tejo. “Estábamos en el aire, la casa era pura tierra y palos. Una vecina me contó lo de la Fundación de Un Techo, esperé 20 días y me salió”, le dijo María a Conexión Colombia.
La alegría que abundaba ese sábado no corría solo por cuenta de los beneficiarios de las casas, sino por los voluntarios que participaron en su construcción. “Te derrites de la amabilidad de las personas. Durante más de cinco horas te demoras cavando huecos y al pasar el tiempo la casa está cada vez más adelantada. Eso da mucha satisfacción. Es una experiencia súper gratificante”, dijo Carolina Giraldo, una de las 14 personas del grupo de Conexión Colombia que ayudó en la construcción de la casa de María. Eran las seis de la tarde y ya había transcurrido una jornada extenuante pero gratificante.
Yair Leonardo Vera, quien llevó a sus dos mejores amigos a la construcción estuvo de acuerdo. “Todo el año quería hacer esto. La tenía en la lista de principio de año y ahora ya me siento feliz por haberla hecho. Mis amigos que me acompañaron quedaron también muy felices”, le dijo a Conexión.
La jornada terminó a las siete de la noche. A esa hora los voluntarios tenían dolores en los pies y las manos cansadas. Pero sobre todo felicidad. Las cuatro casas, que no estaban terminadas, serían finalizadas en su totalidad al día siguiente.
A principios de octubre serán construidas las otras nueve para que más familias, como las de Olga Lucía y María, no vuelvan a sentir la lluvia sobre sus camas.
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