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abr 24
2009
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Siguiendo los consejos del Boletín del Consumidor, acostumbro a hacer mercados según la época de las cosechas: la zanahoria en noviembre, el frijol verde en octubre, el tomate chonto en abril y la piña perolera en julio. Es que algunos colombianos, a pesar de no estar en un país de estaciones, todavía manejamos cierta lógica agraria basada en los ciclos de las cosechas. Seguramente de ahí la popularidad del Almanaque Bristol.
El deporte no escapa del todo a esta lógica. Al fin y al cabo en nuestra historia abundan los casos de competencias que por cortos periodos de tiempo se roban la atención de toda la Nación, parecen encarnar la identidad del pueblo colombiano y nos llenan de triunfos e ilusiones para después caer en el olvido. Nos ocurre ahora con el fútbol, pero ya había pasado con el ciclismo, el boxeo, el tenis, el beisbol e incluso la natación.
De hecho nuestro primer héroe deportivo fue el muy ponderado pero poco recordado Luís Eduardo "Tiburón" González, nadador caleño que impuso dos marcas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en Barranquilla en 1946. El hecho fue registrado por los periodistas de la época como histórico y el país estaba de plácemes con la natación. La cosecha, sin embargo, pronto acabó, las victorias cada vez se hicieron más esporádicas y el deporte pronto cayó en un profundo olvido del cual solamente salió el año pasado gracias al paso del clavadista Juan Urán a la ronda final de los Olímpicos de Beijín.
Algo similar pasó con el beisbol. A pesar de ser visto en la actualidad por los cachacos como un deporte que solo entienden y disfrutan los costeños, por algún tiempo tuvo el orgullo de ser el verdadero deporte nacional. La luna de miel se dio a mediados del siglo XX, cuando la selección Colombia conquistó tres títulos mundiales, tres subcampeonatos de la categoría, un titulo centroamericano, un titulo bolivariano y una medalla de bronce panamericana. En Bogotá, Cartagena, Sincelejo y Medellín por igual, los niños, bate en mano, comenzaron a apropiarse de sonoros apodos como Carlos "Petaca" Rodríguez, Humberto "Papi" Vargas y Manuel "Policía" Peñaranda, todos ellos héroes del primer campeonato mundial de beisbol ganado por Colombia en 1947. A pesar de la racha de triunfos, inexplicablemente este deporte nunca recibió un verdadero apoyo ni logró consolidarse. Tuvimos que esperar hasta la década de los 90 para tener una nueva cosecha, esta vez representada en los éxitos en las Grandes Ligas de los hermanos Cabrera y Edgar Rentería.
El boxeo también se ha caracterizado por su intermitencia. Comenzó en 1972, cuando el aun recordado Antonio Cervantes "Kid Pambelé" derrotó por KO al por entonces campeón mundial de Welter Junior, Alfonso "Peppermint" Frazer. Rodrigo "Rocky" Valdés, Miguel "Happy" Lora y Fidel Bassa se encargaron de alimentar la ilusión nacional de encontrar finalmente en las narices chatas el deporte colombiano por excelencia, gracias a sus títulos mundiales de peso Walter Junior en 1974, Gallo en 1985 y Mosca en 1986, respectivamente. En la actualidad, si bien cada cierto tiempo nos enteramos de la aparición de un peleador nacional interesante disputando algún titulo mundial, la verdad es que son pocos los colombianos que se identifican plenamente con este deporte, se emocionan con sus triunfos y lloran sus derrotas, o que siquiera están dispuestos a levantarse a altísimas horas de la madrugada para seguir por radio el combate de un boxeador colombiano en Japón, Sudáfrica, Tailandia o Corea, como si se hizo con Pambelé.
El fútbol, como no, también ha sido de cosechas cortas. A los abuelos les tocó la primera, la cacareada época de El Dorado caracterizada por la llegada de los mejores jugadores del mundo atraídos por unos envidiables sueldos y huelgas en otras partes del Continente. A mediados de los 50, al terminar, quedamos con un vacio deportivo y emocional que infructuosamente intentó ser llenado por la natación y el beisbol. Tuvimos que esperar casi cuarenta años para que el fútbol volviera a ser el consentido de la afición deportiva nacional: el celebre 1 - 1 con Alemania, el apoteósico 5-0 a Argentina, jornadas gloriosas en la Copa Libertadores y tres mundiales consecutivos, resumen a groso modo lo rica que fue esta cosecha. Sin embargo, a juzgar por el presente de nuestro fútbol, no suena descabellado pensar que serán nuestros nietos, cuando pasen otros cuarenta años, quienes verán la tercera zafra futbolística.
Tenis, atletismo, pesas, patinaje, automovilismo y hasta tiro al jabalí (gracias a la medalla de plata conseguida por el barranquillero Helmut Bellingrodt en los Olímpicos de Munich 1972), en diferentes momentos han hecho entusiasmar al país y han sido considerados como dignos posibles reemplazos de otros deportes de los que se ha acabado la cosecha. Tal vez la única excepción parcial sea el ciclismo. Este, sin duda, ha sido el deporte que por mayor tiempo y con mayores méritos ha recibido el titulo de deporte nacional. Desde las primeras hazañas de Efraín "El Zipa" Forero y Ramón Hoyos en los albores de la Vuelta a Colombia en bicicleta, hasta las conquistas épicas en Europa de Luís Alberto "Lucho" Herrera y Fabio Parra en los 80, pasando por las glorias de Rafael Antonio "El Niño de Cucaita" Niño, Martín Emilio "Cochise" Rodríguez y José Patrocinio Jiménez en los 60 y 70, esta ha sido la disciplina que más triunfos le ha dado a Colombia y con el que un mayor número de colombianos, de todas las edades, estratos y condiciones de vida nos hemos identificado. Aun hoy, cuando el fútbol lo ha desplazado del corazón de los aficionados y de los patrocinadores, este deporte se las arregla para seguir sacando figuras y cosechando éxitos, encarnados en los últimos años por Santiago Botero, María Luisa Calle y más recientemente por José Serpa.
Que este recuento histórico sirva como presentación de este blog, "Trompo, Fútbol o Polo", que más allá de informar tiene por objetivo comentar, sin ningún tipo de pretensión, la actualidad deportiva nacional y reseñar la búsqueda por una nueva cosecha, por una nueva disciplina que nos haga emocionar.



