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abr 01
2009
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Voy a escribir de fútbol. Voy a escribir sobre las eliminatorias al mundial Sudafrica 2010. Voy a escribir acerca de la Selección Colombia. Voy a escribir con respecto al partido que perdió anoche 2-0 contra Venezuela en el estadio de Cachamay. Pero ante todo voy a escribir para contradecir, desmitificar y criticar una serie de clichés que cada cierto tiempo se escuchan en el país y con los cuales estoy realmente fastidiado. Voy a escribir para que, de una vez por todas y como diría el popular Ramoncito, nos dejemos de vainas.
Primer mito: "Es que si no le ganamos ni a Venezuela no merecemos ir al Mundial"
Seamos claros. Venezuela ya no es la cenicienta que solía ser hace una década. El "Chiqui" García le empató en Maracaibo en el último minuto (2-2) en las eliminatorias al Mundial de Corea y Japón, y "Pacho" Maturana perdió con la "vinotinto" en Barranquilla para las eliminatorías de Alemania. Así que la derrota de anoche 2-0 en el estadio de Cachamay no es para nada casual. Además, si hacemos memoria y desempolvamos los casetes de beta que tenemos en la casa de nuestros papás, podemos darnos cuenta que aun en nuestras mejores épocas, con Higuita en el arco, El Pibe armando e Iguarán o El Tino de delanteros, los partidos con Venezuela eran sumamente complicados, cerrados y llenos de empates a cero.
Lo único que hizo la derrota de anoche fue ratificar lo que ya deberíamos saber: la actual Selección Colombia no tiene argumentos deportivos para aspirar a grandes cosas. La falta de ideas en el mediocampo de ayer, o la falta de vocación atacante que se vio en Cachamay, lejos de ser nuevas limitantes, son el reflejo de toda nuestra eliminatoria y de hecho de la Copa Mustang.
Dejémonos entonces de vainas y dejemos de tener a Venezuela como el indicador de nuestra propia pobreza futbolística. Ah, y por cierto, dejemos de decir que el árbitro que pitó contra Venezuela, por el hecho de ser chileno, estaba en contra de Colombia. Si, el arbitro se equivocó, pero como se equivocan en miles de partidos miles de arbitros.
Segundo mito: "Con los jugadores que tiene Colombia es inaudito que no se vaya al Mundial."
Yo ya lo acepté hace mucho tiempo e invito a todos los colombianos a hacerlo. Es difícil, pero no podemos negar que en lo más profundo de nuestro inconsciente siempre estuvo latente esa posibilidad, aun en las tardes más placenteras en las que hicimos ver a las selecciones de Brasil y Argentina como simples equipitos de barrio y en las que creíamos que el Metropolitano se convertiría en un coloso legendario solamente comparado con el Monumental, el Centenario o el Maracaná.
Admitámoslo de una vez por todas, aunque nos baje nuestro injustificadamente inflado ego: el fútbol colombiano sufrió del síndrome peruano. Y no estoy haciendo referencia a la llegada a la Copa Mustang de una recua de jugadores de nuestro vecino país del sur, ni a la intención de INCA Kola de patrocinar el rentado nacional colombiano, sino al hecho de que tanto Perú como Colombia somos naciones en las cuales, por cuestión de suerte, genes, paradojas o bromas de mal gusto de dios, surgió UNA Y SOLAMENTE UNA generación de futbolistas realmente talentosos. A la legendaria Selección peruana campeona de la Copa América (al igual que Colombia), clasificada a cuatro mundiales (uno menos que Colombia), que bailó a Argentina (al igual que Colombia), el ímpetu le llegó hasta 1982, cuando valientes y atléticos gladiadores como Cueto, Cubillas y Chumpitás envejecieron. A Colombia, hasta 1994.
Así que lectores, acostumbrémonos: el fútbol colombiano es chico, nivelado con Perú, Bolivia, Venezuela y Ecuador. No hay nada más que decir. Dejemos nuestras ínfulas de grandeza. Macnelly no es el Pibe, Darwin no es el Tren Valencia y Bedoya no es Leonel Álvarez. Dejémonos de vainas.
Tercer mito: "¿Es que si Colombia jugara siempre como jugó contra Bolivia en Bogotá...?"
Uno sabe que le está haciendo barra a un equipo mediocre cuando se alegra por triunfos paupérrimos. Vi a periodistas, columnistas, técnicos, jugadores e hinchas emocionados por el triunfo 2-0 de Colombia frente a Bolivia hace menos de una semana. Y casi que se exigía ese mismo despliegue frente a Venezuela. ¿Alguien se puso a pensar que ganarle a Bolivia no es indicador de estar teniendo un buen presente futbolístico? ¿Es que acaso no se dan cuenta que Bolivia, contrario a Venezuela, sigue siendo la cenicienta de Suramérica? ¿Nadie salvo el Pibe Valderrama e Iván René Valenciano notaron que después del minuto 30 del primer tiempo Colombia fue un equipo débil y timorato?
Colombia si jugó contra Venezuela como lo hizo contra Bolivia, pero es que el nivel del primero es mucho mayor que el del segundo. Dicho de otra forma, con lo que le ganamos 2-0 a Bolivia tan solo nos alcanza para perder 0-2 con Venezuela. Y seguramente con lo mismo que le ganamos a Bolivia nos alcanzara para perder 4-0 contra Chile o Argentina. Así están las cosas. Así que dejémonos de vainas, ¿si?



