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jun 01
2009
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Fútbol y brujeria, a proposito de la LibertadoresPosted by: madrigal on Jun 1, 2009 Tagged in: Trompo, fútbol o polo
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Que es falta de jugadores, que es falta de técnico, que es falta de apoyo del Distrito. Estas son las hipótesis que cada año dirigentes, periodistas e hinchas dan del fracaso de Millonarios en el torneo colombiano. En consecuencia, cada año se cambian jugadores, técnico y patrocinios, y aun así el equipo "Embajador" continúa con los malos resultados. Es momento entonces de comenzar a creer en diagnósticos alternativos, diagnósticos poco ortodoxos pero no por eso necesariamente errados, como el que le he escuchado a un culebrero en las últimas dos décadas a lo largo de todo el territorio nacional.
Corría el año 1989. El Cartel de Medellín tenía arrodillado al país, la Perestroika era la palabra de moda y Millonarios, con sus 13 estrellas y la nómina más cara del país, era el bicampeón del rentado colombiano y la principal carta del fútbol criollo para la Copa Libertadores de América. La alegría, sin embargo, no duró mucho, ya que en cuartos de final, en el principal escenario deportivo de los bogotanos, el Campín, Millonarios fue eliminado de la Libertadores por su némesis y enemigo, el hasta entonces equipo de media tabla, Atlético Nacional. Como si fuera poco, y por esas ironías de las que está llena la vida, Nacional llegó a la final de la Copa y se vio obligado a jugar el partido de vuelta, frente al Olimpia de Paraguay, en el estadio de Millonarios.
Esa fría noche del 31 de mayo de 1989, horas antes del pitazo inicial del partido definitivo que a la postre le daría el titulo de la Libertadores por primera vez a Colombia, en los alrededores del Campín caminaba lerda y erráticamente un oscuro y bullicioso personaje, ataviado con poncho, sombrero aguadeño y una bandera verdiblanca que apenas permitía entrever los distintivos que lo acreditaban como sacerdote. Según confesó en su momento -con un balbuceo entrecortado que delataba el alto estado de alicoramiento en el que se encontraba- desde hacía más de tres décadas oficiaba como cura párroco de un pueblo olvidado entre las montañas Antioqueñas, y había usado los diezmos del mes para pagarse el viaje y la boleta para ver a su amado Atlético Nacional, todo con la venia de sus feligreses, claro está.
Este oscuro pero pintoresco personaje, antes de perderse entre la multitud que ya hacía su ingreso al "Coloso de la 57" y después de tomarse el último sorbo de aguardiente que le quedaba, miró a su alrededor, peinó su pelo canoso y pronunció unas palabras que jamás olvidaran quienes la presenciaron: "si Nacional se corona campeón en el estadio de quien siempre nos vio con desidia y por encima del hombro; si todos estos arrieros celebramos el campeonato de Nacional en las mismas tribunas de aquellos hinchas azules que siempre nos insultaron y sacaron a piedra, MALDIGO A MILLONARIOS PARA QUE SUFRA 20 AÑOS DE FRACASOS, MALDIGO A SU HINCHADA PARA QUE EL GRITO DE TRIUNFO SE QUEDE POR 20 AÑOS AHOGADO EN SUS GARGANTA".
En su momento, la maldición del sacerdote sonó como dulce y apasionada charla de borracho. Al fin y al cabo Millonarios era uno de los mejores equipos del país, razón por la cual hablar de su fracaso por 20 años era, por lo menos, ridícula. Sin embargo, desde aquella noche hasta el día de hoy han pasado precisamente 20 años, y el otrora poderoso Millonarios no ha ganado ni un solo titulo nacional. ¿Coincidencia o maldición? ¿El hecho que Nacional, 20 años después de ser el mejor de América sea penúltimo del torneo colombiano, tendrá que ver con un karma cósmico? Yo no soy aguerista, pero si creo que no creer en agueros es de mala suerte.



