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El profesor Juan Albarracín comenta las recientes elecciones europeas y explica los efectos que tendrá en la vida de los inmigrantes.
Juan Albarracín Dierolf*
Es una costumbre bien establecida en los medios de comunicación europeos informar – en ocasiones de forma alarmista – sobre las crisis de la Unión Europea (UE). Desde la política de la “silla vacía” del presidente francés Charles de Gaulle en los años sesenta hasta el “no” francés y neerlandés a la –ya olvidada– Constitución de la UE y el rechazo irlandés al Tratado de Lisboa, los medios, los expertos y los políticos han encontrado en los continuos tropiezos de la UE una fuente casi ilimitada de noticias. Las últimas elecciones al Parlamento Europeo (EP) no fueron la excepción y naturalmente no han pasado desapercibidas en Europa y, en menor proporción, en el resto del mundo. Los siguientes hechos marcaron la percepción sobre la jornada electoral. En primer lugar, la participación del electorado europeo fue cercana al 43%. La participación en las elecciones europeas ha ido en franco declive desde que estas fueron introducidas en 1979 (en este año la participación fue cercana al 62%). En segundo lugar, fuerzas nacionalistas en muchos casos abiertamente xenófobas y anti-europeístas, como es el caso del “Partido por la Libertad” (vaya ironía) en los Países Bajos, obtuvieron resultados significativos.
Estos desarrollos son desalentadores. ¿Por qué? Porque en los países de Europa Occidental una participación electoral tan reducida genera una clara preocupación, tanto en las élites políticas como en la academia. En momentos en los cuales la UE se esfuerza por reducir el déficit democrático de sus procesos decisorios y acercarse más al ciudadano es una ‘bofetada’ que justamente en las elecciones al EP, instrumento concebido para reducir dicho déficit, el desinterés de los ciudadanos sea tan pronunciado.
Particularmente interesante es el hecho que los ciudadanos europeos eligieron el EP más poderoso de toda la historia del proceso de integración europeo. Vale la pena aclarar que este parlamento no tiene los mismos poderes que un parlamento nacional, como el Bundestag alemán o el Congreso de los Diputados español. Adicionalmente, el EP funciona en un sistema sui generis, dado que la UE no es un Estado. Un vistazo a algunas de las competencias que tiene el Parlamento Europeo ayudará a entender las diferencias con sus contrapartes nacionales: El Parlamento Europeo no posee uno de los derechos más tradicionales de cualquier parlamento, el de determinar los ingresos del Estado. El Parlamento Europeo, por ejemplo, no puede imponer impuestos sobre sus ciudadanos.
Sin embargo, el Parlamento sí participa activamente en la conformación del presupuesto de la UE al determinar cómo serán organizados ciertos gastos y controla la ejecución de estos.Los poderes legislativos del Parlamento no son ilimitados, aunque han aumentado con el tiempo. En esa maraña de actores que participan en la producción de decisiones en la UE (Consejo, Comisión), el Parlamento ve su participación más substancial limitada al campo de las llamadas Comunidades Europeas, es decir, a aquellas políticas públicas que realmente son comunitarias. En la “Política Exterior y de Seguridad Común” la posición del Parlamento es marginal.
Claramente, el Parlamento Europeo no es tan débil como muchos lo pintan y decide mucho más de lo que realmente se asume. Hay bastantes ejemplos de cómo el Parlamento contradijo las decisiones y los intereses de los estados miembros y logró bloquear muchas iniciativas de la Comisión Europea (el poder ejecutivo de la UE). El poco interés que el Parlamento despierta en los ciudadanos europeos no deja de ser alarmante y es objeto de muchos análisis por parte de la ciencia política.
Probablemente, y aquí entramos en el campo de lo especulativo, gran parte de la apatía de los ciudadanos surge del poco conocimiento que se tiene sobre el funcionamiento de la UE. Lamentablemente los intentos de simplificar los procesos decisorios en la UE han culminado en tratados extensos completamente incomprensibles para los ciudadanos. Tampoco es útil que muchos políticos utilicen las elecciones europeas para hacer campañas con temas nacionales y consideren a las elecciones europeas como de ‘segunda categoría’. Si los partidos políticos no cumplen con su función de informar al electorado sobre la UE y hacen propuestas sobre su visión para Europa, no podemos culpar solamente a los electores de ser indiferentes.
Por otro lado, para la UE es realmente incomodo que partidos extremistas y hostiles a ella sean parte de su parlamento. Lo que algunos comentaristas usualmente ignoran es que la presencia de estos partidos políticos en el EP, por más lamentable que sea, no es una novedad. También pasa desapercibido el hecho que el Parlamento Europeo está compuesto por una abrumadora mayoría de partidos democráticos y europeístas.
Es importante resaltar que la presencia de partidos de extrema derecha en el EP no conducirá necesariamente, como algunas personas temen, al endurecimiento de las políticas migratorias europeas. El Parlamento Europeo, como mencioné anteriormente, no es dominado por fuerzas de extrema derecha. Estas son una minoría aun después de las elecciones de junio. Además hay que enfatizar que las políticas de migración son determinadas en gran parte por los Estados miembros y los órganos intergubernamentales de la UE y no por el EP. Es decir, son más preocupantes y relevantes las posiciones de ciertos gobiernos sobre la migración (como el triste ejemplo de Berlusconi en Italia) y menos los resultados de las elecciones Europeas. Estos demuestran un descontento de algunos ciudadanos europeos con la situación actual de un continente fuertemente golpeado por la crisis económica pero tienen pocas consecuencias concretas para las políticas migratorias.
*Profesor del departamento de Estudios Políticos, Universidad ICESI, Cali (Colombia).
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