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mar 24
2009
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Tras la rentaPosted by Verónica Rodríguez in Londres |
Un lunes después de trabajar me tomé una botella de vino con mi amiga Ana. Esa noche tenía que llegar muy temprano a mi casa a pagar la renta. Pero el vino hizo que mis planes cambiaran. Queríamos seguir la fiesta y mi casa quedaba muy lejos del sitio donde estábamos, entonces decidimos dejar la plata con uno de mis compañeros de casa en el restaurante donde trabaja y buscar otro lugar cerca de ahí para disfrutar de otra botella más. Efectivamente cogimos el metro desde la estación de Oxford Circus hasta Covent Garden donde está el restaurante de mi compañero. Covent Garden es uno de los sitios más bonitos de Londres. Restaurantes, clubs, pubs y culturalmente está bien. Mejor dicho, no nos habíamos metido en alguna olla de Londres.
Íbamos muy despreocupadas. Cuando uno sale de una ciudad como Bogotá deja de pensar un poco en cuidar la cartera y esconderse la cadena por que se la van a robar.
Ana, en mejores condiciones que yo, cogió la plata y la comenzó a contar en la puerta del restaurante. A papaya puesta.... Cuando iba no se en que libra algo muy rápido pasó frente a ella y la plata desapareció. Pues un raponero se había llevado las libras que me permitirían comer, dormir y bañarme durante el próximo mes. En cuestión de segundos, y con el valor que da el alcohol, Ana pensó: "Ni de vainas me dejo robar esta plata" y así fue. Con el mismo pique, salió corriendo detrás del ladrón. Yo sentada muy contenta en una banca solo vi pasar a Ana corriendo con su minifalda (además), y gritando: "Me robaron tu renta". Es claro que el alcohol te desinhibe y hace que las cosas no sean tan importantes, pues ella se exponía al peligro y yo no alcanzaba a pensar en lo mal que la pasaría sin pagar la renta.
Todo esto pasó en fracción de segundos. De repente Ana volvió con una cara que nunca voy a olvidar. Feliz, con la frente en alto me dijo "La recuperé y está completa". Increíble. La plata estaba en sus manos y no faltaba ni una sola libra. Yo no lo podía creer, Ana tan femenina, tan bonita, tan bien arregladita siempre había corrido como si fuera por la de oro y la consiguió.
Además de su heroico acto contó con suerte. Una persona, un hombre alto y al parecer de seguridad de algún club de la zona, paró al raponero y lo obligó a devolver todo el dinero. ¿Suerte?, no lo se. ¿Un enviado de Dios? De pronto. Después lo buscamos para agradecerle pero ya no estaba, había desaparecido. Entonces decidimos pensar que era el ángel de las rentas.
En mi cabeza quedan escenas muy rápidas del momento. No muy claras. Pero la cara de Ana y lo que hizo por mí nunca lo voy a olvidar. Nadie en mi vida había hecho algo tan arriesgado por mi. Bueno no es que tenga una vida muy extrema pero se arriesgó y eso es lo que cuenta.
La lección nos quedó clara: No tomes tanto vino cuando tienes que pagar la renta y aunque vivas en una ciudad civilizada ten siempre la cartera debajo del brazo.

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