Maria Carolina Meza abrió su correo electrónico y en sus mensajes encontró uno que le cambió la vida. Era apenas una línea en francés que decía, “¿Está interesada en ser la responsable del manejo ambiental en el proceso de construcción de una planta nuclear en Finlandia? Cordialmente, el director de recursos humanos de Areva”.
Nunca se imaginó que terminaría trabajando en una planta nuclear. Había decidido estudiar ingeniería ambiental, una nueva carrera en la Universidad de los Andes. En sus clases de química y física, Maria Carolina conoció los procesos básicos de la energía nuclear, pero fue sólo hasta que llegó a Francia cuando empezó a entender cómo funcionaba. Meza terminó la mayoría de sus materias en Bogotá y siempre se destacó por sus habilidades y dedicación. Antes de graduarse decidió aplicar a un intercambio con la Escuela de Minas de Nantes. “Yo era monitora de una de las materias en la universidad y el profesor que dictaba esa materia me contó de la posibilidad de hacer un intercambio con esta universidad. Yo hablé aquí en mi casa y todos me apoyaron de una”, cuenta.
El intercambio en Nantes le permitía tomar unas materias electivas en ingeniería ambiental los primeros seis meses y luego hacer una práctica empresarial. El único problema es que ella no hablaba francés. Dos meses antes de irse al intercambio empezó a tomar clases intensivas, pero sólo aprendió cuando llegó allá y empezó a ver materias en francés. “En Nantes había otros colombianos, pero ninguno en los cursos que yo tomaba, afortunadamente, porque así fue que aprendí bastante rápido.”
Frederic Gheung fue uno de los estudiantes que conoció en la universidad. Él le ayudó a preparar su hoja de vida y carta de motivación para presentarse ante varias empresas que buscaban practicantes. En una cartelera del departamento de ingeniería ambiental de la universidad había una oferta para realizar una práctica que consistía en implementar un sistema de manejo ambiental según la ISO 14001. La compañía recibió la hoja de vida de la colombiana y de inmediato la contrataron.
Meza tuvo que trasladarse a Maubeuge, una ciudad al norte de Francia, muy cerca de la frontera con Bélgica, donde quedaba la sede de esta compañía. Pero cada fin de semana tomaba un tren para ir hasta París a visitar a Gheung, quien se había convertido en su novio.
Durante el tiempo que estuvo en Maubeuge trabajó como la mano derecha de un ingeniero experto en la implementación de sistemas ambientales y aprendió de los consejos y asesoría de una empresa consultora externa que permanentemente estaba revisando el proceso que ellos implementaban. “Para mi fue una oportunidad de aprendizaje impresionante”, afirma.
Meza debía regresar a Colombia cuando terminara su práctica empresarial para entregar su tesis y graduarse dentro de la primera promoción de ingeniería ambiental de la Universidad de los Andes. Pero cada vez que hablaba con sus compañeros de universidad y se quejaban de la falta de empleo y oportunidades laborales en Colombia en ese campo, le daban menos ganas de volver. Meza decidió escribir su tesis sobre el proceso que había implementado en la compañía de Maubeauge, la envió por correo y decidió que no iba a regresar. “Fue muy triste no poder estar en mi grado, pero en esos momentos estaba más pendiente de buscar trabajo”, dice.
Se mudó a París y empezó un proceso de entrenamiento en el que se preparó para las entrevistas laborales. Maria Carolina escribía en una hoja de papel su historia de vida y la practicaba una y otra vez frente a Frederic, quien la corregía, no solo gramaticalmente sino que le enseñó como debía “venderse” mejor frente a sus futuros empleadores. “Yo quería que se dieran cuenta que yo estaba realmente interesada en la búsqueda. Hay que entrenarse si uno realmente quiere un trabajo,” explica.
La primera entrevista que presentó fue para una compañía de consultoría ambiental. No le fue muy bien pero le sirvió como práctica para las siguientes. “Esto de hacer entrevistas te ayuda muchísimo, porque cuando de verdad te llegue la oportunidad que quieres, puedes hacerlo mucho mejor”, dice. En la segunda entrevista le fue mejor, pero era para hacer otra práctica empresarial y ella lo que quería era un trabajo de verdad.
La tercera oportunidad fue la que llegó a través del correo electrónico. Al principio fue un shock. “Quedé fría. No por el hecho de ser en Finlandia, sino por la posibilidad de ser la persona responsable del manejo ambiental de una planta nuclear”, afirma. Lo primero que hizo apenas recibió el correo electrónico fue buscar en un mapa donde quedaba exactamente Finlandia, y una vez se dio cuenta de que era un lugar tan lejano y tan distinto a lo que estaba acostumbrada se animó a aplicar para el puesto. Y lo obtuvo después de tres entrevistas con el director de recursos humanos, el jefe del área de calidad y manejo ambiental, y con el director del proyecto en Finlandia.
Tuvo que empezar los trámites para sacar su visa de trabajo, que por lo general puede demorarse tres meses. “La empresa tiene que estar realmente interesada en ti, como extranjera, para que te esperen todo ese tiempo”, explica Meza. Su visa de trabajo salió a principios de diciembre, y el dos de enero empezó a trabajar en la sede de París de Areva, una empresas pública francesa que opera en el sector energético y tiene varias filiales en todo el mundo. Sus empresas se encargan de la producción de combustible y procesamiento del uranio, la construcción y el mantenimiento de centrales nucleares, el tratamiento de los desechos y la transmisión y prestación de servicios de energía. Incluso hay en Colombia una pequeña sucursal de esta firma, que aunque no produce energía nuclear, presta el servicio de transmisión y distribución de electricidad.
El mismo día que llegó a la empresa para recibir el entrenamiento de un mes intensivo y luego partir a Finlandia, le tenía una noticia a su jefe. “Cuando llegué a la empresa les dije que me había casado”, cuenta. El jefe del proyecto, un argentino, le dijo que no se preocupara, que él entendía que las familias para los latinoamericanos eran muy importantes y que por favor les entregara la hoja de vida de su esposo a la empresa, porque necesitaban más ingenieros.
Un mes después Maria Carolina y Frederic aterrizaron como expatriados franceses y con todas las comodidades en Rauma, Finlandia, una pequeña ciudad de treinta mil habitantes. Allí empezaron a trabajar en el proyecto de construcción de la quinta planta nuclear que hay en ese país, y la más revolucionaria que se ha construido en Europa recientemente. Cuenta que desde el accidente de Chernobyl los países europeos no habían vuelto a construir plantas nucleares pero el gobierno finlandés abrió una licitación y Areva fue la empresa que ganó.
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