Los agentes de cambio que el mundo necesita

Los agentes de cambio que el mundo necesita

Abril 24 de 2013


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Marco Hopf habla claro español a pesar de que su lengua materna es el alemán. Tiene veinte años y desde hace dos meses recorre a diario el mismo camino desde el barrio La Perseverancia hasta las montañas de Soacha para prestar servicio social en la Fundación Semilla y Fruto. Esta organización, ubicada en una casa de dos pisos donde atienden a 320 niños y niñas de primera infancia, trabaja a beneficio de un crecimiento adecuado de los pequeños y para ello les brinda la atención y nutrición necesaria. La fundación cuenta con una panadería en donde se producen los refrigerios para la empresa Totto y para algunas madres cabeza de familia del sector que venden el pan en la zona.
Marco ayuda en las labores de la panadería, comparte tiempo con los niños en la otra sede y dedica 7 horas diarias al desarrollo de las diferentes actividades de voluntariado dentro de Semilla y Fruto. “Tengo mucho interés en ayudar en Latinoamérica porque Alemania es un país que no tiene estos problemas de pobreza”, dijo Marco refiriéndose al por qué de prestar servicio social en Colombia, específicamente en Semilla y Fruto.

Llegó a esta fundación y no a otra a través de la agencia AFS, Compartiendo vidas, Conectando culturas, “una organización que nace gracias al espíritu de cambio con el cual nuestros voluntarios son los protagonistas en el diario trabajo por la paz del mundo”, dijo Gloria de Mantilla, Presidente del Comité de AFS. Los programas contienen una iniciativa intercultural que le permiten al voluntario relacionarse directamente con una realidad diferente a la habitual. Marco ha tenido una experiencia cercana a la pobreza y la desigualdad colombianas y colabora en la disminución de estos factores al trabajar con la población de Semilla y Fruto. AFS le consiguió vivienda y hospedaje con una familia bogotana que hace las veces de familia adoptiva, con quienes convive desde finales de febrero, y donde estará un año mientras realiza su voluntariado en Soacha.

En Hamburgo cursó su bachillerato, viven sus papás y sus dos hermanos. “Mi familia tiene dinero y eso me da la posibilidad de viajar a ayudar porque quiero hacer algo por las personas necesitadas del mundo”, aseguró. El viaje de este joven entusiasta tiene fines culturales también, quiere conocer el país y realizar dicho intercambio que le ha significado pensar en estudiar Pintura o Historia del Arte en una universidad colombiana.

“El trabajo diario con los niños me gusta, ellos son lindos, aunque no soy un profesional, comparto con ellos, los ayudo y nos divertimos. Es chistoso porque se ríen de mi pronunciación, es graciosa para los pequeños”. Hasta el momento tiene un acercamiento con la población y aprovecha la oportunidad para conocer la cultura colombiana. Algunos fines de semana viaja a Ubaté, Cundinamarca, a verse con otros amigos voluntarios que prestan servicio en fundaciones de la zona, y recientemente conoció San Gil con su familia adoptiva.

Marco Hopf es una de las tantas personas comprometidas con la paz mundial que realizan acciones concretas a beneficio de los más necesitados, sin importar su lugar de origen, estar fuera de su cotidianidad  y sus comodidades. Al ver de frente la realidad de un país víctima de muchos problemas sociales y hacer algo al respecto, Marco construye sociedad desde su trabajo con niños vulnerables, lejos de sus seres queridos, pero cerca de las necesidades de una población que agradece su servicio desinteresado. Hopf es ejemplo de solidaridad, de fe en el cambio social y hace evidente lo práctico que es servir e invertir de manera valiosa el tiempo en función de la paz.

 

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